CORREGIMOS A LA CONSEJERA DE GANADERÍA DE CANTABRIA: ¡LA LEGISLACIÓN YA EXISTE!

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Ante la NOTICIA publicada ayer mismo en la prensa local de Cantabria, según la cual la consejera de Ganadería del Gobierno prevé [sustanciales] cambios en la actual LEY 3/1992, DE PROTECCIÓN DE LOS ANIMALES, “para que así, un animal pueda ser incautado a su propietario cuando existan evidencias de que se halla en circunstancias que hagan peligrar su vida”, ATEA desea recordar a la opinión pública que dicha posibilidad ya existe en la normativa de aplicación desde hace muchos años. En efecto, la citada Ley 3/1992 establece en su Artículo 41 que “La apertura e instrucción del expediente administrativo sancionador se realizará por el órgano administrativo competente de la Consejería de Ganadería, Agricultura y Pesca, de conformidad con lo dispuesto en el Capítulo II del Título VI de la LEY DE PROCEDIMIENTO ADMINISTRATIVO. Y aclara en el siguiente (Artículo 42) qué protocolo debe seguirse al efecto: “1| Cuando una infracción revistiese carácter de delito o falta sancionable penalmente, se suspenderá la tramitación del expediente administrativo sancionador, dándose traslado de la denuncia a la autoridad judicial. 2| Si la autoridad judicial no estimare la existencia de delito o falta, se continuará el expediente administrativo con base, en su caso, a los hechos declarados probados por la jurisdicción competente”.

Del mismo modo, la consejera parece dejar en manos de la nueva normativa algo tan esencial como la actualización de las infracciones, así como las preceptivas campañas de concienciación social. Que sepamos, la primera cuestión se actualiza de forma automática. Y si no se ha llevado a cabo la segunda es porque la administración no ha observado el interés que se supone a todo organismo público por la justicia bien entendida. Por otra parte, desconcierta la batería de “novedosas propuestas”, entre las que se incluirían la agresión física o la desatención letal. Damos por hecho que tales comportamientos –junto a otras muchos– ya aparecen como prohibidos en el Artículo 2 de la Ley autonómica (como no puede ser de otra forma).

Todo surge a partir de la  DRAMÁTICA SITUACIÓN que se dio el pasado mes de enero en el Alto de El Churi (Camargo), en una llamada cuadra pirata, donde un elevado número de animales (caballos, ovejas, burros, perros…) sufrían una gravísima desatención, al punto de que seis de ellos habían muerto. Se acusó entonces a la Administración de limitarse a retirar los cadáveres, dejando a su suerte al resto, que tuvieron que ser atendidos por voluntarios animalistas. De hecho, una oveja con las patas rotas desapareció, sin que se sepa su paradero. 

Ante tan evidente y crudo escenario, resulta más que sorprendente que la Consejería, teniendo a su disposición toda suerte de normativa (Ley 3/1992, Ley 32/2007) y siendo competente en la materia, no hiciese uso de ella y ahora anuncie a bombo y platillo un sustancial cambio en la legislación. ¿Acaso no es suficiente que la actual ley autonómica especifique en su Artículo 17bis que “Las Entidades Municipales y la Administración Autonómica, en el ejercicio de sus respectivas competencias, podrán proceder a confiscar los animales si en ellos se detectan indicios de maltrato o tortura, presentan síntomas de agresión física o desnutrición o se encuentran en instalaciones indebidas”? ¿No les obliga tampoco el Artículo 20 de la LEY 3/2007, PARA EL CUIDADO DE LOS ANIMALES EN SU EXPLOTACIÓN, TRANSPORTE, EXPERIMENTACIÓN Y SACRIFICIO, que encabeza su lista de “medidas provisionales” con “la incautación de los animales”?

Es por ello que no llegamos a comprender las manifestaciones de la consejera, por cuanto “promete” un cambio normativo con el objeto de lograr algo para lo que la Comunidad Autónoma no solo tiene ya plenas competencias, sino la obligación de actuar de oficio en tales casos. En dicho sentido, nos gustaría creer que se trata en efecto de una mala interpretación de sus palabras, antes que sospechar que en realidad estamos ante el clásico “caramelo electoral”, dadas las particulares fechas que vivimos.

 

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`LOS CHUNGUITOS´ ATERRIZAN DE SÚBITO EN EL SIGLO XXI, Y ATEA RETIRA LA DENUNCIA CONTRA ELLOS

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Tras el general [y justificado] vilipendio al que han sido sometidos los miembros del dúo musical Los Chunguitos, incluida una denuncia de nuestra asociación, su representante ha hecho llegar una nota a eldiario.es para su difusión pública. El periódico digital ha publicado la nota en su blog El caballo de Nietzsche, espacio que dedica su contenido a la cuestión de los derechos de los animales.

 

En su COMUNICADO, Los Chunguitos “lamentan profundamente la trascendencia social que han adquirido”, refiriéndose a sus declaraciones en el reality show. Manifiestan a continuación que “detestan todo comportamiento y actitud racista”, así como que “sienten un absoluto respeto hacia cualquier persona, tenga la preferencia sexual (o de cualquier otra índole) que tenga”. En dicho sentido, “se disculpan una vez más por la ofensa que haya podido sentir la comunidad homosexual de este país”.

 

En referencia al comentario del abandono del perro –según el cual se interpreta que abandonaron a uno en una gasolinera, y por el que nuestra organización interpuso una denuncia la pasada semana–, manifiestan que se trató de “un triste malentendido”, señalando a un vecino como el perpetrador de “aquel vil acto. Respecto al hecho del abandono de animales (¡más de 200.000 cada año en España!) resaltan en su texto que “lo condenan sin paliativos, pues se trata sin duda de uno de los actos más desconsiderados y crueles que pueda sufrir un perro, y en general cualquier animal”. Finalizan su comunicado con el convencimiento personal de que “el buen trato debe presidir siempre toda relación con los animales, tanto domésticos como silvestres”.

 

ATEA entiende que debe reconocerse el drástico giro dado por los citados artistas, que han pasado en apenas unos días de verter manifestaciones de muy difícil encaje en la sociedad actual, a encaramarse de súbito al siglo XXI. Nos alegra, y como muestra de ello, nuestra asociación retirará de inmediato la denuncia interpuesta contra la pareja hace justo una semana. Siendo dos de nuestros principales objetivos el cambio de mentalidad y la visibilización de los malos tratos a los animales, damos por buena la declaración genérica de Los Chunguitos.

 

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LOS AMIGOS NI SE COMPRAN NI SE REGALAN. ¡TAMPOCO EN NAVIDAD!

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Un año más, hacemos un llamamiento a la ciudadanía para que actúe con la máxima responsabilidad en estas fechas de tradición consumista por cuanto a la adquisición de animales vivos como regalo se refiere.

Se estima que más de un cuarto de millón de animales fueron regalados durante la pasada campaña navideña (2013). Y resulta evidente que un altísimo porcentaje se adquirió de forma compulsiva, sin tener en cuenta por tanto las nefastas consecuencias que para las víctimas tendría dicha decisión. Sobre todo en el caso de los llamados “animales exóticos”, bajo cuya denominación podemos descubrir prácticamente cualquier especie susceptible de rentabilidad económica (reptiles, pequeño roedores, anfibios, insectos…). La adquisición en sí misma cierra un ciclo previo de desdicha para las víctimas, pues estas son concebidas como simples mercancías, que por tanto se pueden “sacrificar” en parte, mientras las cuentas finales cuadren. Tras la compra, trayectoria de estos desdichados se repite dramáticamente en la mayoría de las ocasiones. La seducción inicial pronto se torna en pereza al comprobar que el animalito requiere en realidad más cuidados de los que nos habían anunciado. Con independencia de su grupo, todos tienen importantes necesidades –tanto biológicas como emocionales–, que desde luego no satisfarán ni de lejos en un ambiente tan restringido y pobre como una pecera o un terrario, donde apenas pueden guarecerse de la presencia humana (que, dicho sea de paso, ellos siempre advierten como un peligro potencial). El estrés y una alimentación defectuosa acaba por enfermarles. Pero se trata de seres que, por su propia naturaleza, no consiguen transmitirnos sus emociones de manera tan eficaz como puedan hacerlo otros más familiares (perros o gatos). Se inicia así un proceso de agonía, que en el caso de algunas especies de metabolismo lento puede durar meses, hasta que al final acaban en el cubo de la basura, regalados a terceros o liberados en un medio natural que no es el suyo. En el primero de los casos, no es infrecuente que permanezcan aún vivos cuando son retirados al vertedero. El segundo no suele suponer una mejoría, pues se concibe más bien como una forma rápida de deshacerse de lo que ahora ya es un “estorbo”, con lo que el periplo, para su desgracia, se alarga. Y el tercer supuesto supone uno de los mayores problemas que hoy existen para el equilibrio ecológico, además de convertir a sus desdichados protagonistas en “especies invasoras”, una siniestra etiqueta que las distintas administraciones no tienen recato alguno en endosarles, a pesar de que buena parte de la responsabilidad en toda esta situación recae precisamente sobre los ayuntamientos, quienes están obligados por ley a exigir cada cierto tiempo a los establecimientos de venta de animales una lista completa de entradas, salidas y datos de los adquirientes. Desde ATEA podemos asegurar que prácticamente ni uno solo de los ayuntamientos españoles cumple dicho apartado, a pesar de lo cual algunos emplean dinero público en organizar eventos precisamente sobre las especies invasoras, teniendo cuidado de ocultar una dejación propia tan inadmisible como la mencionada. Ni que decir tiene que las mismas entidades que desprecian la legislación vigente son las mismas que emplean a continuación expeditivos métodos para “controlar” las especies que ocupan diversos medios naturales. Lo habitual es que la estrategia pase por la eliminación física (muchas veces empleando burdos métodos también ilegales), con lo que al final vemos cómo una misma injusticia se reproduce en repetidas ocasiones a lo largo de todo el proceso con diferentes formas.

En general, una praxis adecuada de “consumo responsable” debería descartar por defecto la compra de animales, sean estos silvestres o domésticos, pues han de ser considerados como lo que realmente son: seres sensibles –similares en lo fundamental a nosotros mismos–, dotados de legítimos intereses, y por lo tanto merecedores de un mínimo respeto. La cuestión se agrava al comprobar que cada día se sacrifican en España cientos de perros y gatos porque no consiguen encontrar una familia. Con semejante tragedia cotidiana sobre nuestras conciencias, quien tenga la imperiosa necesidad de convivir con un animal de familia (lo que comúnmente denominamos “animal de compañía”) debería imponerse la obligación ética de rescatarlo de un refugio para animales abandonados. Si la mayoría de la gente actuara de tal forma, demos por seguro que el drama se vería reducido a la mínima expresión.

Como protocolo genérico, ATEA sugiere algunos puntos básicos por cuanto a la convivencia con animales, que se pueden resumir en los siguientes:

Aceptar la etiqueta de “animales de compañía (de familia)” tan solo aquellas especies que por su propia historia biográfica ya no disponen de un sitio natural en el medio: en la práctica, perros y gatos.

Nunca intercambiar animales por dinero. Ello alimenta una concepción mercantilista de los mismos y los reduce a meros objetos de consumo. Además, hace que el número de animales sin dueño no descienda, perpetuando así la tragedia.

Si se decide convivir con animales, adoptarlos siempre en una entidad protectora o rescatarloS de una situación traumática.

 

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DENUNCIAMOS A `LOS CHUNGUITOS´ POR ABANDONAR A UN PERRO EN UNA GASOLINERA

 

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Nuestra asociación ha presentado en el Juzgado de Guardia de Vitoria-Gasteiz una denuncia contra los ciudadanos José Salazar y Juan Salazar (hermanos), conocidos componentes del dúo musical Los Chunguitos.

 

Tuvimos noticia de los hechos al tiempo que otros varios millones de personas más, pues ellos mismo declararon su “hazaña” en el reality show en el que participan desde el pasado domingo. Al parecer, fue el martes día 13 cuando, durante una conversación con otros participantes, reconocieron que “Una de las cosas más graciosas que nos han pasado fue cuando abandonamos a un perro en una gasolinera, porque ladraba mucho”. Lejos de mostrar algún tipo de arrepentimiento o remordimiento de conciencia por tan execrable proceder, esta pareja de indeseables reían la “anécdota” sin el menor atisbo de empatía.

 

El Código Penal español establece la correspondiente pena para “quienes abandonen a un animal doméstico en condiciones en las que pueda peligrar su vida o su integridad”. Resulta evidente que cualquier animal dejado a su suerte en una gasolinera (lugar de máximo tráfico de vehículos, por su propia naturaleza) queda con ello en un estado de máxima vulnerabilidad y peligro, tanto para su integridad física (y psíquica) como para su propia vida.

Además, consideramos que el mero hecho de que quienes se declaren perpetradores del abandono sean personajes públicos constituye un agravante moral, por cuanto son esos agentes los que debieran ser referentes morales en su comportamiento. Lejos de ser así, se jactan de ello, en un ejercicio que oscila entre lo obsceno y lo criminal.

 

Con respectos a los citados personajes, esta declaración pública se suma a una vergonzosa lista de otras, entre las que destacan la homofobia palurda y el racismo cuartelero. Pero no nos engañemos, porque a estos monstruos los alimentamos entre todos: al frente, los medios de comunicación que les dan pábulo y les ríen las gracias para “hacer caja”.

 

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DENUNCIAMOS UN CASO DE "CHABOLISMO CANINO" EN VITORIA

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ATEA ha denunciado formalmente ante el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz la situación de un grupo de perros –al menos veinte– en los alrededores de la ciudad. Se trata de varios puntos situados en el camino periurbano que va desde Mendizabala a la localidad de Lasarte, en un paraje conocido como Parque de Lasarte. Allí se encuentran desperdigados un numeroso grupo de canes de diferentes tamaños: algunos sueltos, otros encerrados en lúgubres casetas, y otros atados con pesadas cadenas.

Nuestra asociación entiende que dicho escenario contraviene de plano con la normativa proteccionista vigente, y de manera especial con la recientemente aprobada Ordenanza Reguladora de Protección y Tenencia de Animales. En dicho sentido, creemos que Gasteiz no puede permitir estos focos de auténtico “chabolismo canino”, por cuanto va contra los intereses más elementales de los animales, y también proyecta una imagen de la ciudad que poco tiene que ver con las excelencias que le han sido reconocidas a nivel internacional. Estamos seguros de que nadie entre los gasteiztarras –salvo quizá los propios perpetradores– desea para estos pobres desdichados una vida como la que ahora tienen.

 

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