COMIDA

cerditos

SI PUDIÉRAMOS CUANTIFICAR todo el sufrimiento gratuito que infligimos a los animales, el 99% se lo llevaría el apartado de “abasto”, es  decir, todas aquellas situaciones en las que explotamos a los animales para obtener algún producto alimenticio.

EL PORCENTAJE REFERIDO puede parecer en principio exagerado, pero los datos son abrumadores en este sentido. Teniendo en cuenta parámetros como el número de individuos implicados y el grado de violencia que se ejerce sobre ellos,  la cifra mencionada se nos muestra incluso moderada. Por expresar de otra forma la verdadera dimensión de este área de abuso, si una persona concreta redujera su consumo de animales (los cadáveres de éstos o sus “derivados”, como los lácteos o los huevos) tan solo en un uno por ciento (1%), estaría haciendo más por ellos que adhiriéndose de manera radical a las corridas de toros, a la vivisección, a la caza y a los circos. Cabe hacer notar que disminuir en el porcentaje citado el consumo de animales en la dieta,  apenas significa “hacerse vegetariano” un día cada tres meses. ¿Existe realmente alguien que, suscribiendo en algún grado las tesis animalistas, no esté dispuesto a tal compromiso?

EN LA PRÁCTICA, la variedad de animales explotados para consumo alimenticio es extraordinaria. Algunas especies son utilizadas desde tiempo inmemorial, pero otras son de muy reciente incorporación a una oferta gastronómica que raya con lo extravagante. 
Cabe destacar que la aparición, en la primera mitad del siglo veinte, de la explotación intensiva a gran escala, ha supuesto un añadido devastador a la tradicional ganadería en la que los animales gozaban, en general, de una vida más o menos placentera hasta su sacrificio.

LA EXPLOTACIÓN COMERCIAL de los animales de abasto se concibe hoy como una industria mecanizada, donde la rentabilidad económica prima sobre cualquier otro factor. Cualquiera de los apartados que se relatan a continuación supondrían ya por separado una de las formas de violencia organizada más execrables. Juntas constituyen, simplemente, un holocausto de proporciones gigantescas.

 

 

GALLINASFlecha arriba

LA GRAN MAYORÍA DE LOS HUEVOS que se consumen actualmente en el mundo industrializado provienen de gallinas que no conocieron en toda su vida otra cosa que el hacinamiento extremo.

DE JÓVENES SE LES INTRODUCE en compartimentos en los que deben convivir tantos animales como permita el espacio físico disponible. En una superficie equivalente a la hoja desplegada de un periódico se meten hasta cuatro animales. Apenas pueden darse la vuelta para buscar una postura más cómoda, y estirar las alas es algo impensable. Debido a su naturaleza jerárquica, ésta es una situación extremadamente angustiosa para ellas, por lo que es comprensible que genere serios conflictos, que se manifiestan en constantes y mutuas agresiones. Las heridas que se producen frecuentemente acaban infectándose, acarrean la muerte, y con ello pérdidas en dinero. Pero los granjeros han ideado un método muy eficazpara paliar el problema: les amputan el pico, su único arma de defensa. La operación está tan mecanizada y resulta tan tosca que no resulta raro la muerte de un determinado número de aves, pero, desde el punto de vista de la rentabilidad, siempre es preferible que esto suceda cuando son jóvenes (y baratas), a las pérdidas que supone el mismo hecho cuando tiene lugar en plena época productiva.

ESTOS ANIMALES PONEN HUEVOS de forma natural (simplemente no pueden evitarlo), y sus explotadores han ideado métodos para que este proceso biológico se desarrolle a la mayor velocidad posible. Los lugares de reclusión son enormes barracones donde todo está orientado a la comodidad de los operarios. El bienestar de los animales no cuenta si no se traduce inmediatamente en beneficios.  Se ha comprobado que manteniendo la luz artificial durante las veinticuatro horas del día, las gallinas “dan mejores resultados”. La triste realidad es que una de las formas que tienen de combatir la constante presión psicológica a la que está sometidas es poniendo huevos. Y cuando, por razones puramente biológicas, comienza su declive, son llevadas al matadero sin ningún tipo de consideración. Sus cuerpos se encuentran tan magullados que apenas pueden entrar en el mercado de consumo si no es para elaborar el popular caldo, que muchas veces se utiliza como potenciador de sabor a la hora de preparar..... ¡pollo!

gallina con pollito

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VACAS Y TERNEROS

LA EXPLOTACIÓN DE LAS VACAS ES DOBLE es doble desde su inicio. Al hecho de la obtención de carne, se añade la de uno de los líquidos más apreciados por la sociedad occidental: la leche.

MUCHA GENTE CREE que las vacas producen leche de la misma manera que a los humanos nos crecen las uñas, pero la realidad es que la leche sólo existe en el cuerpo de una vaca que haya tenido recientemente un hijo, para el que, por cierto, está destinada biológicamente.

EN LA MEDIDA en que la existencia de la ganadería está absolutamente supeditada a los intereses humanos, las vacas son forzadas a parir de manera constante, en un ejercicio veterinario al que difícilmente puede negarse el calificativo de violación masiva, resultado de la cual se crea artificialmente un ternero o ternera, cuya alimentación natural es la leche materna. Pero este preciado líquido lo reservamos para nosotros, negándoselo por tanto a sus legítimos propietarios, que son alimentados a base de papillas deliberadamente bajas en determinadas vitaminas, el  método más económico que se conoce para convertir animales sanos en anémicos, con una carne blanquecina, muy valorada por los consumidores. Y, al objeto de obtener el mayor rendimiento económico, los movimientos de los cachorros se limitan al máximo, confinándose a éstos en reducidos espacios donde apenas pueden darse la vuelta o echarse en el suelo con una mínima comodidad. No debería resultarnos difícil ponernos en el lugar de alguien que ha sido secuestrado a los pocos días de vida y alejado de toda su referencia afectiva para ser encerrado en un cuarto oscuro con varios cientos compañeros de cautiverio más. Mientras tanto, la leche que el cuerpo de la vaca produce, es extraída un parto tras otro y destinada a un sinfín de productos alimenticios (además del líquido en sí) como queso, yogures, bollería o helados.

ternera

LA SEPARACIÓN FÍSICA de madres e hijos para ser destinados a explotaciones paralelas, produce en ellos un trauma difícil de sobrellevar. La dependencia emocional es tan estrecha, que ambas emiten angustiosas llamadas durante varios días. Tal situación de angustia extrema, unida a la estabulación severa que, en especial las crías, deben soportar, se somatiza mediante muy diversos trastornos físicos. Los ganaderos tratan de superar todo ello mediante auténticos cócteles de antibióticos, que empeoran la  salud de los animales y la nuestra.

ES DIFÍCIL ENCONTRAR una forma de explotación más obscena que la que los humanos llevamos a cabo con el ganado bovino.

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POLLOS

LOS POLLOS SON NOTICIA CASI CONSTANTE en los informativos, aunque no tanto por razones de índole moral, sino económica. Hoy se considera al pollo un “indicador” del índice de precios de gran importancia, y lo es por la sencilla razón de que el consumo de su carne es muy popular entre los ciudadanos.

LA VIDA DE LOS POLLOS es en general muy similar a la de las gallinas. Los parámetros de la rentabilidad son los que mandan, y ésto convierte su existencia en una experiencia miserable.

DESDE UNA PERSPECTIVA COMERCIAL, un pollito puede pertenecer a una raza que se destina a poner huevos, o a una destinada para carne. Lo mejor que le puede pasar a un pollito es que sea precisamente eso, un pollito macho de una variedad destinada a la producción de huevos. Un macho no pone huevos y por lo tanto no tiene valor comercial alguno. Hay que eliminarlo, y además de la manera que menos costes origine. Introducirlo junto con muchos otros en una bolsa de plástico, en una cámara de gas o en un sistema de cuchillas puede no ser muy estético, pero resulta barato. Así, cientos de pollitos que hace apenas un minuto piaban desesperadamente llamando a sus madres son ahora una papilla sanguinolenta donde apenas se distinguen picos, ojos, patas o plumas. Esta masa, bajo la etiqueta comercial de “piensos”,  se destina a alimentar otros animales explotados, tal vez sus propias madres.

SI EL POLLITO tiene la desgracia de pertenecer a la variedad “para carne”, será llevado a una inmensa nave que compartirá con varias docenas de miles de compañeros durante el tiempo que dura su engorde. No pasa mucho tiempo antes de que el espacio empiece a escasear, y les sea materialmente imposible acceder a un lugar donde refugiarse, o establecer la jerarquía grupal propia de estas aves en libertad. La angustia, el estrés y las continuas luchas entre ellas (con las consiguientes heridas e infecciones, que con frecuencia acaban con la vida de muchas sin que se les preste atención alguna) convierten su vida diaria en una constante lucha por la supervivencia. Cuando el empresario considera que es el momento de vender, un grupo de trabajadores entra en la nave y comienza a “embarcar” a los aterrorizados pájaros en camiones, camino del matadero. Ésta es la única vez en su vida que experimentarán sensaciones como el aire o el sol, aunque no se encuentran precisamente en condiciones de disfrutar de ello. Toda la etapa de transporte y sacrificio se desarrolla en medio de la más absoluta brutalidad. Las aves de corral tienen un nulo status moral en nuestra escala de valores, por lo que son tratadas como si fueran fardos. Desafortunadamente para ellas, cuando les llega el momento final son aún jóvenes, por lo que no es fácil que acaben muriendo antes de que un sistema de cuchillas les rebane  el cuello y sean inmediatamente introducidas en agua hirviendo cuando todavía estás vivas. De todas formas, la empresa asume como válido un cierto porcentaje de muertes, si al final las cuentas salen. Acabarán en un merendero, formando parte de la oferta del mes: “Pollo + Cerveza + Patatas fritas, solo 6є”.

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OTRAS AVES

Por su número, los pollos y las gallinas son, sin duda, las aves que sufren una explotación más severa en nuestra sociedad. Sin embargo, los patos, las ocas o las codornices merecen también un recuerdo en este pasaje de los horrores.

ESPECIALMENTE CRUEL resulta la industria del paté de foie, considerado un auténtico manjar por el que llegan a pagarse cifras ridículamente astronómicas, y cuya materia prima no es otra cosa que el hígado hipertrofiado de animales enfermos, cebados hasta la extenuación, y que, de no ser sacrificados, apenas tendrían posibilidad alguna de supervivencia.

UNA VEZ INICIADA la etapa de alimentación forzada intensiva, no hay descanso para ellos. La operación es simplemente brutal. El granjero sujeta al animal entre sus piernas, le abre la boca y le introduce sin más preámbulos un grueso tubo hasta el estómago. Y comienza a bombear la papilla en cantidad tal que a cualquiera de nosotros nos llevaría al servicio de urgencias, donde nos harían un rápido lavado de estómago. Entre toma y toma, los animales son sometidos a una restricción de movimientos absoluta, a fin de que quemen la menor cantidad de calorías posible. En pocas semanas, apenas pueden mantenerse en pié, con un hígado de proporciones monstruosas que ocupa buena parte de su cavidad torácica, oprimiendo al resto de órganos, incluyendo el corazón y los pulmones. En estas condiciones, lo mejor que le puede pasar a una oca es que acaben con su vida, dando por finalizada la tortura.

conejo

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PECES

LA GENTE NO SIENTE DEMASIADA SIMPATÍA (ni, en consecuencia, empatía) por los peces, lo que hace que defender sus derechos se convierta casi siempre en motivo de mofa, incluso por parte de quienes pueden entender posturas a favor de los perros, de los osos panda e incluso de los toros.

PERO EL HECHO DE QUE NOS SINTAMOS muy alejados de ellos emocionalmente no significa que sean seres insensibles. Por el contrario, están dotados de un sistema nervioso que, en general, cumple las mismas funciones biológicas que el de nosotros los mamíferos. Para un pez, su entorno natural es el agua, y la pesca comercial consiste en capturarlos vivos y sacarlos de ese ambiente. No hay razones para pensar que los efectos de tal agresión sean en ellos muy diferentes que en nosotros si nos meten la cabeza debajo del agua. La insoportable sensación de ahogo les debe resultar tan dolorosa a ellos como a nosotros en la situación descrita.

PARA LA GENTE QUE SE DEDICA a la pesca comercial, los peces no son seres individuales, sino la “cosecha” que el mar “nos ofrece”. Simplemente lanzan sus redes o sus cañas y esperan el momento de recoger el fruto de su trabajo. A partir de ese momento, el desconcertado pez trata de escapar de la red que ahora comparte con miles de compañeros, o tratará de zafarse del anzuelo que le rasga la garganta. Una vez en cubierta, los individuos de pequeño tamaño son directamente introducidos en las cámaras frigoríficas, donde se irán congelando hasta morir, pero antes tienen que soportar el peso de miles de otros peces que ahora forman una inmensa masa. Muchos mueren literalmente reventados. Y todos se asfixian lentamente por la falta del oxigeno acuático que ellos necesitan.

LOS ANIMALES MÁS GRANDES suelen ser capturados de manera individual, a veces por una cuestión de mera estrategia comercial y propagandística, como las merluzas. Los pescadores las suben a cubierta ayudados por garfios que les provocan grandes hemorragias, para ser más tarde golpeadas con palos, no tanto por cuestiones humanitarias, sino para que sus movimientos no entorpezcan la labor de quienes siguen sacando animales del agua. Lo normal es que los golpes recibidos no maten a los peces, sino que se limitan a romperles  la médula espinal, lo que hace que sigan conscientes durante largos periodos de tiempo.

INDEPENDIENTEMENTE de que constituya el sustento diario para una parte importante de  la población mundial, la pesca comercial pasa por ser un crimen masivo de proporciones gigantescas, cuya dimensión no percibimos porque, entre otras razones, los peces no gritan.

pez

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OTROS ANIMALES ACUÁTICOS

LA VARIEDAD DE ESPECIES ACUÁTICAS que incorporamos a nuestra dieta es muy amplia. Además de los peces o de algunos mamíferos, todo tipo de crustáceos,  y otros seres de fisiología más “simple” como los moluscos, son víctimas de nuestras preferencias gastronómicas. Debido a que nuestra afinidad emocional para con ellos es inexistente, lo habitual es que comencemos a cocinarlos introduciéndolos en un recipiente de agua hirviendo. El hecho de que no tengan un sistema sensorial tan sofisticado como el nuestro (caso de que sea efectivamente así) no les convierte en insensibles, como lo demuestra el hecho de que muchos luchan desesperadamente por escapar de la cazuela que les abrasa. Antes del momento final, tienen que vivir, a veces durante meses, en un acuario que no responde ni de lejos a su ambiente natural, con sus únicas armas de defensa patéticamente inutilizadas por una cuerda, a fin de que el reducido espacio que tienen que compartir varios individuos no provoque enfrentamientos entre ellos y puedan herirse, con la consiguiente mala imagen que da en un restaurante una langosta con la pinza rota.

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NUEVAS “OFERTAS”

QUE EL CONSUMO DE ANIMALES COMO ALIMENTO no responde a cuestiones nutricionales, sino a otras de carácter consumista, lo demuestra el hecho de que, casi de manera constante, se introducen en el mercado nuevos y atractivos “productos” para mantener la atención de la clientela. Así, no es difícil encontrar en una población mediana lugares donde venden carne de ciervo, de jabalí, ancas de rana, o alimentos preparados a base de animales como tiburones. Estos “productos” siempre encuentran un sector social receptivo a nuevas experiencias, hasta el punto de que, principalmente en las grandes ciudades, existan restaurantes especializados en este tipo de extravagancias. Prácticamente no existe límite: arañas, serpientes, lagartos, canguros. Todo vale, si las autoridades sanitarias dan el visto bueno.

SE HA INICIADO una tímida explotación comercial de algunos de estos animales (especialmente ciervos y avestruces), asumida por la administración como iniciativas originales para combatir el paro, y por tanto financiadas en parte con dinero público. Afortunadamente para los animales (si se puede hablar en estos términos), de momento se trata de explotaciones extensivas, lo que les permite una cierta libertad de movimientos, aunque el fin es el mismo. Pero, una vez más, no se trata de consideración hacia ellos, sino de la imposibilidad física de someterlos a otro régimen de cautiverio, debido a que su naturaleza asustadiza derivaría en un gran número de bajas y por lo tanto en pérdidas económicas.

ES HABITUAL que en las numerosas ferias de gastronomía callejeras que se celebran  a lo largo de todo el año, la empresa explotadora de carne de ciervo o avestruz acompañe sus productos con la exposición de animales vivos, usados como reclamo publicitario para el público. Los animales suelen permanecer en un estado de angustia extrema, juntos en un rincón, en un entorno claramente agresivo para ellos, con los niños metiéndoles palitos por las rejas metálicas para divertirse, y aguantando una música ensordecedora.

INCLUIR ANIMALES EN NUESTRA DIETA responde no tanto a una necesidad fisiológica como a la puesta en práctica de toda una ideología, que ve a los demás seres sintientes como simples recursos gastronómicos. Si había alguna duda al respecto, la inclusión en el mercado de nuevas especies ayuda, cuando menos, a despejarla.

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CERDOS

A PESAR DE LAS ATROCIDADES que cometemos con ellos, la imagen de un potro, un pollito o un cordero nos sigue transmitiendo una cierta ternura, hasta el punto de que son frecuentemente utilizados en campañas publicitarias, en las que quieren representar la inocencia y la fragilidad. Pero existen otros animales que sólo despiertan en la gente repugnancia y desprecio. Es el caso de los cerdos, a los que no vemos sino como el paso previo a la chuleta o al jamón. Estigmatizados hasta lo absurdo, son asumidos como animales sucios. Resulta cuando menos irritante que tal afirmación sea hecha por quienes hemos convertido este planeta en un apestoso vertedero. Pero la arrogancia humana no tiene límites.

EN REALIDAD, los cerdos no son peor tratados en el proceso de su explotación que otros animales de abasto, pero parece claro que, debido a su status de “animal-basura”, no serán los primeros en incorporarse a una hipotética esfera moral humana más amplia.

COMO EN EL CASO de otros seres destinados al sacrificio, toda su existencia pasa por algunas de las privaciones físicas y psíquicas más elementales. Salvo los contados casos de manejo al aire libre, las hembras destinadas a la procreación son obligadas a tener descendencia de manera constante, pero no se les permitirá que desarrollen su instinto natural de proteger y dirigir los pasos de sus pequeños, con los que tienen un vínculo afectivo muy estrecho, como mamíferos que son. A muchas madres se les limita el movimiento hasta el extremo de no tener otra opción de permanecer durante largas horas tumbadas sobre el mismo costado para permitir que los lechones mamen cuanto quieran y engorden lo más rápido posible. Ni siquiera puede defenderse de los mordiscos que a veces les propinan los pequeños, poco cuidadosos en la tarea de alimentarse.

UNOS Y OTROS serán transportados al matadero en viajes que a veces duran días, en unas condiciones dantescas, sin alimento sólido ni agua. Hablar de parar de vez en cuando a “estirar las patas” es, simplemente, humor negro. Hay que minimizar gastos a toda costa y, al fin y al cabo, lo único que importa es que lleguen a manos del matarife vivos, su estado más valioso. Con eso es suficiente.

LOS CERDOS SON PERFECTOS ANIMALES DE COMPAÑÍA si les damos la oportunidad. Y, de hecho, es lo que sucede en algunos casos, en los que ciudadanos han adoptado, por diferentes circunstancias, un cerdo como compañero. Por si alguien tiene dudas al respecto, les encanta que les rasquen la panza (¡a  quién no!), pasar sus buenos ratos al sol, o tomando baños en un riachuelo de aguas cristalinas. O en un fantástico charco de barro, como hacemos los humanos a veces por prescripción facultativa.

EL TRATO QUE HOY DAMOS A LOS CERDOS será juzgado algún día como una de las mayores atrocidades que el hombre haya cometido con los animales.

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PERROS, GATOS, TORTUGAS, INSECTOS...

A LA GENTE QUE HABITA en los llamados "países occidentales", el hecho de que se críen perros para el consumo les parece una atrocidad. Y tienen razón. Es un absoluto crimen, pero no mayor que el que se comete a diario en sus países con terneros, pollos o cerdos. El caso es que, debido a la cercanía emocional que sentimos con los perros, las imágenes de sus cadáveres colgando de los ganchos de las carnicerías nos espanta. He aquí un buen ejemplo de discriminación afectiva entre unos animales y otros. De cualquier forma, las condiciones en las que se explotan y se sacrifican los perros son, simplemente, espantosas. En realidad, todos los animales de consumo en estas sociedades no conocen otra cosa que el infierno constante.

LOS CACHORROS son introducidos casi a presión en jaulas metálicas y expuestos en los mercados callejeros, donde deben soportar altas temperaturas. En algunas partes existe la creencia de que, si los animales son introducidos vivos en agua hirviendo, su carne será más tierna y digestiva.

DE ENTRE TODAS las diversas variantes de consumo animal “periférico”, probablemente sea el sacrificio de perros (o de gatos) el que más indignación despierta en la mayoría de la gente. Pero la lista no tiene fin. Hemos hecho protagonistas de nuestro plato a tortugas, arañas, serpientes, ranas, gusanos, caracoles, tigres, ballenas, monos, pelícanos... De hecho, resulta casi imposible identificar un grupo zoológico que no haya sufrido en alguna ocasión y por parte de alguna sociedad o cultura la aparentemente insaciable voracidad humana.

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