ATEA EXIGE RESPUESTAS AL AYUNTAMIENTO DE BARCELONA POR EL CASO DE “SOLITA”

ATEA remitió en la mañana de hoy al alcalde de Barcelona, Sr. Trias, a través de una carta certificada, su disconformidad con el informe redactado por responsables de la Oficina de Protección Animal del Ayuntamiento, quienes giraron visita hace algún tiempo a Solita, una perra anciana de dieciséis años que vive condenada a una terraza en el barrio de Sant Martí, y cuya situación fue denunciada en su día por nuestra asociación.

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Entendemos que el citado informe está plagado de irregularidades –en forma sobre todo de contradicciones–, así como que asume el escenario de una manera inequívocamente parcial, por cuanto se centra en los hechos que de facto cumplen con la normativa de aplicación (acceso a comida y bebida, caseta, aparente buen estado fisiológico del animal), mientras hace caso omiso de todas aquellas cuestiones que de verdad afectan al bienestar de la víctima (sufrimiento psicológico, permanente estancia en una terraza), cuya situación mejoraría de forma ostensible con la sola aplicación tanto de la  normativa municipal como de la ley autonómica. El informe municipal resulta tan grosero que admite de forma implícita en su última parte que el animal en cuestión está en “condiciones inadecuadas”, llegando a advertir al propietario de posibles sanciones e incluso del decomiso del animal caso de persistir aquellas. No se entiende que, habiendo diagnosticado unas “condiciones inadecuadas”, no recaiga sobre el responsable de los hechos la pena correspondiente, como no se comprende que una administración dotada de toda una Oficina de Protección Animal siga permitiendo la permanente estancia de Solita en una terraza a pesar de que la normativa local lo prohíbe.

Estamos ante la clásica situación de desequilibrio de fuerzas entre el monstruo administrativo y la sociedad civil, situación que genera un escenario perverso, donde al poder le resulta mucho más fácil incumplir sus propias normas que a la ciudadanía hacer que se cumplan: el mundo al revés. Las instituciones (aun el más diminuto ayuntamiento, mucho más el de Barcelona) saben bien que la evidente descompensación en cuanto a capacidad logística les hará vencedores las más de las veces, pues para cualquier organización resulta en extremo costoso algo tan simple como dar una adecuada respuesta a la administración de turno.

Como al parecer la Oficina de Protección Animal se muestra incapaz no ya de ponerse del lado de la víctima, sino de interpretar con rigor lo que obligan las distintas normativas, se le han trasladado –además de algunas consideraciones de carácter genérico– tres sencillas preguntas:

1.¿Qué profesional veterinaria ha dictaminado que el animal no debe salir de paseo “debido a su avanzada edad”? ¿Acaso no considera esa misma persona que, precisamente debido a esa avanzada edad, sería muy bueno para ella verse al resguardo del calor y del frío: que se le permita la entrada en la vivienda, en definitiva? Ciertamente nos resulta una apreciación veterinaria cuando menos extraña.

  1. 2.Si, como parece, el equipo que realizó la inspección de Solita –a falta de conocer el suyo, es el nombre que le han puesto quienes tratan de ayudarla en el barrio– no percibió anomalía ninguna, ¿por qué “se le recuerda” al propietario lo que establece la Ordenanza, “en relación a las condiciones de bienestar de los animales de compañía, de acuerdo con las necesidades propias de su especie”. No se comprende que deba recordársele nada a alguien que cumple con dicha normativa, pues de lo contrario debería haberse abierto algún expediente sancionador.
  1. 3.Por cierto: ¿se ha incoado algún expediente sancionador por el incumplimiento de parte de la normativa de aplicación (tanto la Ley de rango autonómico como la Ordenanza Municipal)? En caso negativo, ¿cuál es la razón? ¿Es que los responsables de la OPAB consideran apropiado para una perra anciana la permanente estancia en una terraza, a merced por tanto de la soledad, así como del estruendo de relámpagos y petardos, y por derscontado también del calor estival y del frío invernal?

No puede ser que una ciudad como Barcelona –con sus dirigentes políticos a la cabeza y dotada de una entidad que se supone tiene por único velar por los intereses de los animales del municipio– permita en pleno siglo XXI la condena de un ser inocente y anciano a un ático, expuesta como está Solita al estruendo de los truenos y petardos, al sofocante calor en verano y al frío y la humedad en invierno. Sin duda alguna, Solita merece algo mejor en la etapa final de su vida. Se trata de una cuestión de simple decencia moral.

 

VÍDEO

 El mundo de Solita se limita a unos escasos metros de baldosa: un “hogar” abrasador en verano y gélido en invierno

 

 

 

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