ATEA SOLICITA A LA CIUDADANÍA VASCA QUE SE ABSTENGA DE USAR MATERIAL PIROTÉCNICO EN NOCHEVIEJA

COPAS CHAMPÁN imagen

 

ATEA desea hacer un llamamiento público a la ciudadanía vasca para que se abstenga de usar material pirotécnico durante esta Nochevieja, demostrando así que de hecho pueden celebrarse acontecimientos sociales sin recurrir a comportamientos objetivamente desagradables y hasta muy peligrosos.

Los motivos por los que podemos sumarnos a una “Navidad sin pirotecnia” son múltiples, y van desde el respeto debido a bebés, adultos, ancianos y enfermos (en el apartado humano) hasta la consideración hacia los animales (tanto silvestres como domésticos), pasando por el que también merece el mobiliario urbano. Sin olvidar, por supuesto, las propiedades privadas. Que cada cual elija su apartado. Aunque no nos parece descabellado dejar de lado dicho material por el conjunto completo de razones. Desde ATEA estamos en condiciones de asegurar que abstenerse de lanzar tracas, petardos, bombetas, bengalas y artilugios similares no ocasiona problema médico alguno, ni físico ni mental. De igual forma podemos asegurar que hacer uso del mismo sí causa serias molestias a un amplio sector ciudadano, así como a un sin número de animales, que padecen un auténtico infierno. Y sería bien interesante recoger las opiniones de quienes esa noche ven arder sus vehículos, o los contenedores (propiedad de todos), o incluso edificios enteros. Nuestra invitación se dirige especialmente a los y las vecinas de Pasaia (Gipuzkoa), a quienes imaginamos concienciados de golpe con el problema, y donde es de suponer que nadie osará lanzar un solo petardo durante el tránsito de año, aunque nada más sea que por simple gesto solidario hacia sus convecinos desalojados.

¿Por qué han de destinarse recursos públicos (servicio de bomberos y red sanitaria, sin ir más lejos) para paliar los efectos de una horda de inconscientes –por no calificarlos directamente por su verdadero nombre: gamberros (venerables padres y madre incluidos)– que decide esa noche ponerse a lanzar como posesos toda suerte de material explosivo desde balcones y ventanas? ¿Es que acaso hemos perdido la razón? Protestamos airados por los recortes aquí y allá, mientras aceptamos con una preocupante idiocia pasiva según qué comportamientos, cuando no nos apuntamos directamente a esa locura colectiva. En calidad de “seres racionales”, al menos deberíamos reflexionar sobre ello.

Seamos modernos e imaginativos (¿innovadores?). Demos la bienvenida al Año Nuevo con confeti, abrazos, espumoso y buenos deseos. ¡Pero sin absurdos y peligrosos artefactos explosivos! ¿Acaso podremos después llevarnos las manos a la cabeza con una mínima legitimidad moral, o incluso participar en concentraciones solidarias? Tal vez no.

Por los animales. Por las personas. Por una Navidad de verdad solidaria y respetuosa. Por el civismo bien entendido.

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