EL AYUNTAMIENTO DE VITORIA HACE CASO OMISO A SU SÍNDICO Y CONSIENTE OTRA NOCHE DE PÁNICO PARA MILES DE PERSONAS

El Ayuntamiento de la capital de Euskadi inauguró su pomposo [y sobredimensionado] título de European Green Capital permitiendo que hordas de vándalos egoístas camparan a sus anchas durante toda la noche y madrugada de Año Nuevo, lanzando por doquier toda suerte de material pirotécnico, a pesar de la Recomendación del Síndico de la ciudad, que días antes se había posicionado al respecto sugiriendo a Alcaldía la publicación de un Bando que limitara el lanzamiento de cohetes y petardos a los primeros quince minutos tras las campanadas (como de hecho ha venido sucediendo grosso modo hasta hace apenas unas ediciones, lo que abre una más que interesante vía para el periodismo de investigación). El Ayuntamiento hace así caso omiso a su Sindicatura, lo que nos genera una seria preocupación respecto a qué papel real desempeña esta figura en la práctica, y hasta una reflexión sobre la misma razón de su existencia.

 Si quieres que las cosas cambien, pincha AQUÍ. Miles de personas –sumados humanos y animales, ambos personas en su pleno sentido si nos adherimos a los preceptos de la moderna filosofía moral– tuvieron que soportar a lo largo de toda la noche y parte del día el uso indiscriminado y masivo de artefactos pirotécnicos, que desencadenan en una parte significativa de perros y animales silvestres cuadros severos de ansiedad y ataques de pánico, como bien saben sus tutores humanos y atestiguan expertos en la materia, quienes no dudan en establecer una comparación entre lo que sienten nuestros amigos de cuatro patas y los humanos en medio de un bombardeo. Y solo es posible asumir la afirmación previa como una exageración rayano lo ofensivo si relegamos previamente –como burda estratagema ideológica– el padecimiento animal a una categoría ínfima. El innegable sufrimiento mental que ellos han de padecer en tales ocasiones deriva en taquicardias y terror incontrolable, y aunque no nos consta que en nuestro entorno geográfico existan estadísticas fiables sobre sus reales consecuencias, es sabido que en Italia se cifran en al menos cinco mil los animales de compañía que mueren cada año por causas relacionadas con la pirotecnia. Queda por saber qué sucede con la fauna silvestre urbana, particularmente aves, aunque existe la fundada sospecha de que este fenómeno no resulta precisamente inocuo para ellas.

 ATEA tiene la firme intención de entrevistarse en breve con responsables de Medio Ambiente del Ayuntamiento gasteiztarra, al objeto de trasladarles nuestra preocupación al respecto, así como poder espetarles a la cara la pésima educación de que hacen gala con inusitada frecuencia al no acusar ni siquiera recibo de peticiones que no tienen otro objetivo que mejorar la calidad de vida de la comunidad toda, incluidos naturalmente nuestros compañeros animales. También deseamos trasladarles de paso nuestra perplejidad ante lo que bien podría ser diagnosticado como auténtico “trastorno bipolar”, pues la misma administración que prohíbe el uso de todo material pirotécnico durante las fiestas patronales de La Blanca (Bando 2011, Punto 8º), deja en manos del “sentido común” ciudadano el lanzamiento de bengalas y bombas japonesas durante la época navideña, como si los vitorianos y vitorianas tuviéramos desarrollada tal cualidad en mayor medida que el resto de nuestros compañeros de especie. Resulta obvio que es el propio Ayuntamiento quien no se aplica a sí mismo el sentido común que presupone en su ciudadanía, porque simplemente no se comprende que la razón que le lleva a no permitir un comportamiento concreto en agosto no sirva para idéntico propósito en diciembre y enero. Pero no importa que se entienda o no, dado que la corporación capitalina no se guía por motivos de equidad o coherencia decisorial, sino por el poder que ostenta, como de hecho hacen todas y cada una de las instituciones públicas de este país (entiéndase por tal Euskadi o España, queda este nimio detalle a gusto del usuario del comunicado), siendo así que en la práctica cotidiana tiene mucho mayor peso una gestión totalitaria que una basada en escuchar los argumentos esgrimidos por la sociedad civil.


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