ATEA LAMENTA LA MUERTE DE UNA CRÍA DE PAVO REAL EN EL PARQUE DE CRISTINA ENEA DE DONOSTI Y SE CUESTIONA LA LICITUD DEL USO DE ANIMALES COMO "ORNAMENTO ESTÉTICO"

A raíz de la muerte de la última cría de pavo real que quedaba del pasado año en el parque de Cristina Enea, y al tiempo que lamentamos los hechos, entendemos que cabe cuestionarse muy seriamente el hecho mismo del uso de animales como “ornamento estético”, tal y como sucede con frecuencia en ciertos parques y jardines de nuestras ciudades, donde lo mismo se plantan macetas que se sueltan según qué animales, quienes quedan naturalmente a merced de cualquier desaprensivo, como ha sucedido en esta ocasión. Sin embargo, no es la primera vez que sucesos similares tienen lugar en Cristina Enea, lugar en apariencia idílico para sus residentes domésticos, pero que esconde una realidad menos amable sólo publicitada cuando hay alguna desgracia irreparable, como la que aconteció el mes pasado: a una cría de pavo real le fracturaban una pata a pedradas. El animal, tras ser debidamente atendido por un servicio veterinario, sufrió una fuerte infección que acabo con su vida. Se da la circunstancia de que era la última de las crías que habían nacido en el parque durante los dos últimos años, pues las demás, o fallecieron por diferentes causas, o desaparecieron sin dejar rastro.

Si bien llegamos a entender la desazón de los trabajadores del parque en el sentido de que durante los dos pasados ejercicios no se “obtuvo” ningún nuevo ejemplar, desde entidades como ATEA nos mostramos críticos con cualquier gestión que oriente sus objetivos a la mera “creación” de animales, dado que por desgracia nuestra sociedad no ha alcanzado el nivel de civismo deseable en cuanto al respeto que deben merecernos éstos. Es por ello que no consideramos apropiados ciertos programas reproductivos que se asumen como fines en sí mismos.    

Hace ahora justo dos años que otro de los pavos fue lapidado por desconocidos, sufriendo la rotura de una de sus patas, a resultas de lo cual quedó en estado de permanente cojera. No tenemos constancia de que en ninguno de estos casos los agresores hayan sido identificados ni por tanto castigados, por lo que éstos bien pudieran sentirse inmunes y continuar con las agresiones. Por tal razón, solicitamos a quien corresponda que se extremen las precauciones en aras de evitar futuras agresiones a los animales.

En cualquier caso, y por encima de la condena inequívoca que nos merecen actos como los referidos, entendemos que debe hacerse adoptarse una postura crítica ante el uso mismo de animales como “elementos ornamentales”, dado que tanto pavos reales como otras especies quedan así a merced del gamberro de turno, en un permanente estado de indefensión al que nosotros mismos les condenamos. Mientras poco hay que decir sobre otros “residentes naturales” de espacios verdes (los llamados animales silvestres), entendemos que el caso de especies introducidas con exclusivos fines estéticos merece cuando menos una profunda y seria reflexión, que desde ATEA nos lleva a concluir que quizá no tengamos ningún derecho a colocarles en un escenario vulnerable mientras la sociedad no esté plenamente educada en valores solidarios hacia los animales no humanos, situación que obviamente aún no hemos alcanzado.

[En las fotografías puede apreciarse al pequeño acompañado
de su inseparable madre y siendo acicalada por ésta, antes del suceso]


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