ATEA RECONOCE EL CORAJE CÍVICO DE LOS ACTIVISTAS QUE TRATARON DE IMPEDIR LA EJECUCIÓN SUMARIA DE VULCANO EN TORDESILLAS

La población vallisoletana de Tordesillas fue testigo un año más de la ejecución sumaria de un inocente. Cuando parece haber desaparecido de este país la práctica del terrorismo ideológico, hay quien sigue avivando todavía las brasas del terrorismo lúdico, pues no puede calificarse sino con este crudo apelativo el linchamiento público de alguien por su mera condición de toro. Este año la víctima propiciatoria ha sido Vulcano, que expiró tras el mortal ataque que una horda desquiciada. Lo hemos dejado escrito en numerosas ocasiones y lo volvemos a repetir: el acto que se perpetra septiembre tras septiembre en la estepa vallisoletana no es necesariamente de mayor calidad ética que el coche bomba o la violación, y cualquier sociedad moralmente decente debería reservarle su más agria condena. Lejos de ser así, una deprimente mayoría entre la clase política sigue mirando para otro lado mientras hace sus cuentas electoralistas. Pero ya queda menos. Más pronto que tarde esa balanza caerá del lado de la ética bien entendida.

Si deseas que sigamos denunciando semejantes atrocidades, APÓYANOS.

Al final de esta locura colectiva sin duda contribuirá el coraje del que hoy han hecho gala cientos de activistas por los derechos de los animales a lo largo del recorrido por donde pasó el pobre Vulcano. Dichas personas, que no representan a ninguna organización concreta, constituyen el ejemplo vivo de sacrificio y compromiso por una ética global que no distingue género, edad o especie cuando se trata del respeto debido a todo ser sensible. Los insultos y las agresiones físicas se han orientado este año también hacia humanos (al menos una activista resultó herida en la cabeza por una piedra, y su agresor identificado), no contentos con hacerlo contra un ser desorientado cuyo único deseo era volver con sus compañeros de manada y olvidar la pesadilla.

Desde ATEA, y además de mostrar nuestro reconocimiento público a estos y estas valientes, hacemos nuestro el espíritu de la acción, y queremos transmitir la reflexión de que existe la real posibilidad de que la defensa de los animales adopte en etapas futuras formas de expresión más allá de la mera denuncia mediática o jurídica. Tal hipótesis, siendo en verdad preocupante, no lo es desde luego tanto como la agresión impune de que son objeto en general los animales en nuestra sociedad actual.


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