TRAS FRACASAR LA VÍA DIPLOMÁTICA, NOS VEMOS OBLIGADOS A INTERPONER UNA DENUNCIA ANTE EL AYUNTAMIENTO DE LEGAZPI (GIPUZKOA) POR LA CELEBRACIÓN DEL OILAR JOKOA

ATEA se ha visto obligada a interponer una denuncia ante el Ayuntamiento de la localidad guipuzcoana de Legazpi, por la celebración del denominado Oilar Jokoa, festejo que se anuncia con todo desparpajo en su propia página web. Tras intentar por todos los medios evitar dicha denuncia a través del diálogo con su Departamento de Cultura, hemos tenido que optar por la siempre desagradable obligación de la denuncia formal.

Si deseas que sigamos luchando por los animales, ¡APÓYANOS! 

En evento denunciado consiste en trasladar un gallo desde un caserío de los alrededores hasta el centro del pueblo, y colocarlo atado de patas en medio de una plaza, como elemento protagonista de –al parecer– una costumbre ancestral. Se da la reveladora circunstancia de que tal costumbre ha ido transformándose con el paso del tiempo, siendo que no hace tanto se decapitaba al animal con una espada, y en época más reciente se ofrecía el mismo como premio al ganador del concurso (consistente en llegar el primero de los participantes hasta él con los ojos vendados). Ambas costumbres desaparecieron, por fortuna, con lo que buena parte de la esencia del acto se perdió, con la aceptación tácita y natural de la población. Sin embargo, la angustia a que se somete al desdichado animal con la actual versión sigue estando contemplada en la normativa proteccionista vasca (Ley 6/1993) como prohibida, a través de su artículo 4.2.a: “Queda prohibido maltratar a los animales o someterlos a cualquier práctica que les pueda producir sufrimientos o daños y angustia injustificados”.

 

Además, se da la kafkiana circunstancia de que es un agente de la Policía Municipal de Legazpi quien se encarga de verificar las reglas del concurso, cuando es su condición profesional la que debería impulsarle a velar por el cumplimiento de la ley, y no tanto a colaborar en su incumplimiento.

Por otro lado, aprovechamos el texto de la denuncia para trasladar al alcalde nuestro malestar debido al trato recibido por la persona responsable del Departamento de Cultura con quien se ha tratado el tema antes de la denuncia, la cual, además de mostrar una pésima educación colgando el teléfono a nuestro interlocutor, ha asumido un deleznable uso del euskera como arma arrojadiza, comportamiento que creíamos desterrado de nuestra historia reciente.    

A juicio de ATEA, resulta inconcebible que en pleno siglo XXI siga sometiéndose a seres inocentes a situaciones de sufrimiento psicológico (además de físico) por parte de ciudadanos y ciudadanas que conforman sociedades industrializadas, y que desean para ellos y ellas el máximo bienestar, aunque le niegan este a otros. Simplemente no cabe denominar “fiesta” a un acto en el que unos se divierten a costa del malestar ajeno.

Tanto por teléfono como mediante el texto, se ha sugerido a los responsables del Ayuntamiento que sustituyan de una vez por todas al animal vivo por otro artificial, pues deducimos que este último paso hacia una fiesta que de verdad merezca tal nombre en ningún caso puede resultar más gravosa que los cambios anteriores (cese de la decapitación y del sorteo del animal), a los que al parecer se ha amoldado la población legazpiarra sin mayores contratiempos.


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