LA LOCALIDAD GUIPUZCOANA DE ADUNA “DULCIFICA” EL TRADICIONAL “OILASKO JOKOA”, Y ATEA LE PIDE QUE ACABE CON ÉL

Tras décadas de someter a martirio público a aves inocentes como parte del programa de fiestas de agosto, la localidad guipuzcoana de Aduna (cercana a San Sebastián) ha evitado este año por primera vez los aspectos más groseros del Oilasko Jokoa (Juego del Pollo) la costumbre, como son el transporte de los animales colgados boca abajo de un palo, así como la agresión física en la plaza del pueblo (seccionarles la cabeza con un instrumento cortante: guadaña o espada, según épocas).

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ATEA fue informada de viva voz por el alcalde, quien especificó que la tradición se limitó esta vez a recoger de mañana los pollos por los caseríos, trasladarlos en un vehículo al centro del casco urbano, y allí exhibirlos, dando oportunidad a la población de elegir el “más bonito”. Los animales constituyen luego la cena de los participantes en la recogida matinal.

El TEXTO en el que el alcalde invita a la fiesta a través de la página web del Ayuntamiento constituye un claro guiño al cambio, por cuanto especifica en uno de sus párrafos: “Las viejas costumbres son un elemento significativo de nuestra idiosincrasia, y, en la medida de lo posible, han de mantenerse e impulsarse. A pesar de ello, es necesario por igual amoldarlas a los nuevos tiempos, lo cual constituye en sí mismo un ilusionante reto”.

ATEA reconoce como merece el paso dado, por cuanto elimina las partes más agresivas de tan ancestral costumbre, al tiempo que ha solicitado por carta al alcalde que dé el último paso hacia el escenario idóneo, que no puede ser otro –a nuestro juicio– que una fiesta en la que se prescinda por completo de los animales, quienes desde luego no desean participar de un acto que carece de todo significado natural para ellos, y que en cualquier caso les provoca algún grado de angustia, al tener que ser capturados y deslocalizados. Además, consideramos que este tipo de escenificaciones alimenta la idea –particularmente entre los más jóvenes–  de que los animales en general están puestos ahí “para nuestro uso y disfrute”, presunción cultural que a su vez les genera terribles sufrimientos, pues son finalmente concebidos como meros útiles para fines determinados: comida, diversión, estética…

Debemos apuntar que el pasado año (2011), inspectores de ATEA estuvieron de incógnito en la localidad el día del festejo, a fin de recabar información de primera mano sobre el mismo, por si procediera la interposición de una denuncia. El acto no llegó a celebrarse, al percatarse sus promotores de la presencia de “foráneos”, trasladándose aquellos con los animales a un lugar no especificado, donde suponemos que llevarían a cabo la sangría.

Con la clara intención de ver la “botella medio llena”, esperamos que la formal invitación trasladada al alcalde de la localidad para que evite en lo sucesivo todo uso de animales durante los actos festivos surta efecto, y quedamos a la espera de una respuesta oficial en tal sentido. Creemos que Euskadi –referente en tantas cuestiones relacionadas con la progresía moral bien entendida– ha de incorporar a esa lista la llamada “cuestión de los animales”, por cuanto ellos se rigen por idénticos parámetros de preferencias que nosotros mismos, cuales son evitar el sufrimiento y perseguir razonables cotas de felicidad.


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