MUTRIKU DEPARA UNA AGRADABLE SORPRESA EN SU TRADICIONAL SUELTA DE PATOS: A PARTIR DE AHORA SERÁN DE GOMA

ATEA supo a finales de agosto que la nueva corporación de la localidad guipuzcoana de Mutriku ha tomado la decisión de acabar con la fiesta que cada 16 de septiembre consistía en soltar una cantidad determinada de patos en el puerto para que fueran capturados por la gente. Ni que decir tiene que el acto suponía un severo estrés para los animales, quienes algún año (como el pasado, por ejemplo) llegaron a quedarse a vivir en el lugar. A pesar de que entendemos que se ha estado vulnerando la Ley 6/1993, de Protección Animal, normativa genérica de aplicación en Euskadi desde hace dieciocho años, damos por bueno el cambio, y felicitamos a la formación política Bildu por el coraje de hacer lo que no hicieron sus predecesores: asumir la protección de los animales como un factor más de progresismo moral para una sociedad del siglo XXI, y poner en práctica un ejercicio político tan elemental como cumplir las leyes.

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ATEA fue informada de primera mano por un técnico del propio Ayuntamiento a finales del pasado mes, y ambas partes acordaron que no fuera hasta hoy que nuestra organización hiciera pública la noticia. Desde el consistorio se nos traslada el compromiso de la presente corporación para que no vuelvan a soltarse animales vivos durante el tradicional Día del Puerto. Queda ahora por garantizar la seguridad de los patos residentes en el mismo puerto, fruto de pasadas ediciones de la ya extinta actividad lúdica.

 

 

ATEA cree que es un buen momento para recordar a los distintos Ayuntamientos de Euskadi su obligación jurídica de acatar todas las normativas sin excepción, con más ahínco si cabe que la propia ciudadanía, por cuanto son las distintas instituciones públicas, la administración local en este caso, quienes deben dar ejemplo cívico en tal sentido. Lejos de ser así, son innumerables los ayuntamientos vascos que siguen mirando para otro lado cuando de protección animal se trata, sin percatarse de que las sociedades más avanzadas del mundo están tomando medidas para avanzar en este campo, tan importante como el que más, pues se trata ni más ni menos que de evitar infligir sufrimiento gratuito a inocentes. Así, no está de más traer a colación la idea central de la teoría animalista, que asume todos los sufrimientos como indeseables para quien los padece –merecedores de condena, por lo tanto–, con independencia de su género sexual, del color de su piel o de su especie.

 


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