ATEA SOLICITA AL AYUNTAMIENTO DE LEKEITIO QUE DÉ EL PASO DEFINITIVO Y SUSTITUYA LOS CADÁVERES DE GANSOS POR PROTOTIPOS ARTIFICIALES

Nuestra asociación ha trasladado al Ayuntamiento vizcaíno de Lekeitio que retome en serio la idea de la sustitución definitiva de cadáveres de gansos por prototipos artificiales para la celebración de su famoso Antzar Eguna, que este año tendrá lugar el próximo lunes día 5.

Como es bien sabido, la fiesta siempre estuvo rodeada de una fuerte polémica, que acabó haciendo afortunada mella en la propia Comisión Organizadora, de tal forma que en 1984 se sustituyeron por primera vez los animales vivos (sacrificados en cualquier caso para tal fin) por sus cadáveres. Este hecho merece en sí mismo un reconocimiento expreso, y ATEA así lo entiende y considera.

A pesar de todo, creemos que es necesario seguir reflexionando sobre esta cuestión, y por ello hemos hecho llegar al Ayuntamiento lekeitiarra la propuesta de que consideren seriamente la posibilidad de sustituir definitivamente los animales muertos por prototipos artificiales, o aún mejor si el objeto no representa a animal alguno. En tal sentido, sabido es que el citado prototipo existe, y que se ha llegado a utilizar durante la fiesta hace no tantos años, con aparentes buenos resultados en cuanto al objetivo que persigue el acto. Es por ello que instamos a este nuevo cambio, que sin duda mejoraría la imagen de la localidad, pues el uso público de animales que han sido sacrificados para ese específico fin no resulta en ningún caso gratificante en una sociedad que tiende al bienestar de todos sus miembros, y consideramos que en este apartado deben incluirse sin ningún género de duda a los animales. Conviene recordar que, por ejemplo, la Declaración Universal de los Derechos del Animal, manifiesto teórico de referencia que data de 1978, en su Artículo 13.a, afirma claramente que “Un animal muerto debe ser tratado con respeto”, y esperamos que no resulte para nadie difícil entender la reflexión. Los animales, como nosotros mismos, son –somos– mientras viven individuos únicos e irrepetibles, y queremos pensar que a la totalidad de la gente le resultaría desagradable que se usase de forma banal e irrespetuosa el cadáver de un perro, de un gato, o de una persona, para determinados fines; desde luego se desaconsejaría su uso para ser descuartizados durante una fiesta. Por fortuna los humanos somos capaces de superar casi cualquier dificultad técnica, y es un hecho cierto que tal evidencia puede aplicarse al caso que nos ocupa, como ya ha sucedido en el escenario citado.

Tal y como se comenta en el escrito, mención especial nos merece el apartado educativo, sobre todo si pensamos en los más pequeños, que con escenarios como el que se les ofrece cada septiembre en Lekeitio crecerán convencidos de que nada hay de malo en sacrificar animales para después seccionar sus cuerpos en un ambiente de fiesta y algarabía. Asumirán lo que ven y aprenden como el orden natural de las cosas, aceptando con absoluta naturalidad que hay animales dignos de ser acariciados –quizá el perro de la familia–, mientras otros no merecen sino la muerte y el maltrato público de su cuerpo. Se acabará diluyendo así su capacidad para la empatía, el esfuerzo por colocarse en la mente y el lugar de los demás, humanos o animales, la fórmula más eficaz conocida para poder abordar con solvencia nuestra gran asignatura pendiente como comunidad ética: la solidaridad global. En ATEA creemos que la educación bien entendida debe por fuerza significar algo muy diferente a conculcar tales [esquizofrénicos] valores.

En la carta se pide al consistorio que traslade a quien corresponda nuestra petición formal, y que se tenga en cuenta con la seriedad que el caso merece.

ATEA hizo extensiva a principios de semana en conversación telefónica esta misma solicitud a un miembro de la Comisión Organizadora del festejo, quien reconoció que, a pesar de los buenos resultados de la prueba en su día, la idea de la sustitución se acabó abandonando, sin que desde entonces se hayan cuestionado un cambio en tal sentido, y que ATEA cree necesario –por una simple cuestión de higiene moral– reabrir.


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