DENUNCIAMOS EN COMISARÍA UN MALTRATO POR DESATENCIÓN A DOS PERROS EN ALONSOTEGI (BIZKAIA)

ATEA ha interpuesto una denuncia en la Comisaría de la Ertzaintza por lo que considera un claro caso de maltrato animal en la localidad vizcaína de Alonsotegi. Se trata de una pareja de perros que se encuentran en permanente estado de encadenamiento, en condiciones insalubres y de obvia vulnerabilidad, uno de ellos con evidentes síntomas de desnutrición. Los canes tienen por todo cobertizo un bidón metálico y una caseta de plástico, respectivamente. Se ha constatado que en ocasiones las cadenas se enredan y ello les impide acceder a los cuencos de comida y bebida, que además con frecuencia están volcados. A pesar de que supuestamente los animales están ahí para ahuyentar a extraños, ambos se muestran amigables y solicitan una caricia, actitud fácilmente apreciable en los vídeos y fotografías que se adjuntan a la denuncia. Es de destacar que uno de los animales, el de color negro, muestra un aspecto muy preocupante, de severa delgadez. Ambos deben soportar el barrizal que se forma cuando llueve, el frío helador en invierno y el calor sofocante en verano. Condenar a esta experiencia a un perro supone un crimen que una sociedad moderna y progresista como la vasca no debería admitir. Entendemos que de los hechos resulta evidente que estamos ante un maltrato continuado y sin justificación posible, que menoscaba de forma muy seria la integridad de las víctimas, así como ante una grave desatención en cuanto al cuidado que todo ser sensible merece, máxime si se trata de perros, conocidas sus necesidades de afecto, por su propia naturaleza gregaria y doméstica. Es por ello que consideramos vulnerados en este escenario al menos dos artículos del Código Penal, a saber:

Art. 337 (CP)
“El que por cualquier medio o procedimiento maltrate injustificadamente a un animal doméstico o amansado, causándole la muerte o lesiones que menoscaben gravemente su salud, será castigado con la pena de tres meses a un año de prisión e inhabilitación especial de uno a tres años para el ejercicio de profesión, oficio o comercio que tenga relación con los animales”.

Art. 631.2 (CP)
“Quienes abandonen a un animal doméstico en condiciones en que pueda peligrar su vida o su integridad serán castigados con una pena de multa de 10 a 30 días”.

En cuanto a este último artículo, téngase en cuenta que existe jurisprudencia que recuerda que por “abandono” no debe entenderse en exclusiva la suelta del animal con claro ánimo de deshacerse de él, sino también la negligencia del propietario en cuanto a su cuidado y obligaciones morales que velen por un bienestar objetivo de este.

En realidad, a lo largo y ancho de Euskadi son miles los animales –por lo general, perros– que se ven obligados a soportar durante toda su existencia situaciones similares, sin que las autoridades competentes, en concreto los ayuntamientos, hagan nada por impedirlo, a pesar de existir diferentes  normativas de aplicación que prohíben determinados comportamientos con los animales domésticos. Un perro no es una alarma, y por tanto no puede ser tratado como un mero instrumento para nuestro provecho. Un perro es, si se le ofrece una mínima oportunidad, un ser afable, amistoso y fiel, interesado como cualquier ser humano en experimentar sensaciones agradables como el bienestar, y al que afectan a grandes rasgos las mismas situaciones que a nosotros mismos. No creemos que llegar a estas conclusiones requiera especiales dotes intelectuales. Si a nadie le gustaría estar encadenado de por vida entre sus propios excrementos, con la angustia y la frustración por únicos compañeros, ¿cómo es posible que propiciemos este tipo de situaciones cuando las víctimas son otros? Estamos ante un dramático y grosero caso de egoísmo. Desde ATEA nos vemos obligados a recordar –por enésima vez– que todos los sufrimientos son iguales en cuanto que indeseables para quienes los padecen.

Debemos mostrar en esta ocasión nuestra entera satisfacción por el trato recibido durante la interposición de la denuncia en la Ertzaintza, a diferencia de la última vez que nos vimos en similar situación, cuando nos tocaron en suerte dos agentes cuya actitud como servidores públicos dejó mucho que desear, algo desde luego impropio en un Estado de derecho.


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