POR UNOS MERCADOS NAVIDEÑOS SIN SUFRIMIENTO ANIMAL EN EUSKADI

MERCADO NAVIDEÑO GALLINAS JAULA pic OK

 

ATEA desea hacer llegar a la opinión pública su preocupación por el masivo y reiterado uso de animales vivos en las tradicionales ferias que en las postrimerías de la Navidad se celebran en diversos lugares de Euskadi (entre ellas, las capitales).

A estas alturas, debería resultar obvio que los animales afectados (particularmente aves, pero también algunos mamíferos) deben soportar un escenario angustioso y estresante para ellos, con un continuo gentío desfilando ante ellos durante horas. Al respecto, debemos asumir que resulta ontológicamente imposible la presencia forzada de animales en dichos eventos y una razonable garantía de que no sufren.

En pleno siglo XXI, cabe exigir un trato a los animales muy distinto al que se asumía como natural hace apenas unas décadas. Los tiempos cambian, y lo hacen al ritmo de las nuevas mentalidades. Quizá por ello no son pocos los comentarios de desaprobación que pueden escucharse entre el público al ver multitud de animales con las patas atadas a la jaula, en constante riesgo de resbalar y quedar suspendidos, soportando el continuo trasiego de curiosos, encerrados en jaulas tan pequeñas que acaban entumecidos. Todo ello conforma un cuadro lamentable, que desde luego debería ser desterrado de una sociedad moderna y progresista como se supone que es la vasca. Es por ello que creemos llegada la hora de dar carpetazo a la presencia de animales vivos en los citados mercados.

Pero acaso hay un motivo adicional en nuestra instancia a las entidades organizadoras, y es que, a nuestro juicio, los hechos relatados incumplen de manera flagrante la normativa proteccionista de aplicación, reflejada tanto en las Ordenanzas Municipales como en la genérica Ley 6/1993, de Protección de los Animales, que en su artículo 4.2.a advierte: “Queda prohibido maltratar a los animales o someterlos a cualquier práctica que les pueda producir sufrimientos o daños y angustia injustificados”.   

El sentido común debería dictarnos que los animales expuestos sufren una angustia severa, por el propio escenario en que son obligados a permanecer durante un dilatado espacio de tiempo, y con todos los agravantes que supone además la naturaleza festiva del acto (avalancha de gente, ruido ambiental, ocasional uso de material pirotécnico, etcétera). Parece claro que la presencia de animales vivos en los tradicionales mercados navideños se muestra por completo innecesaria, pues, de hecho, un elevado porcentaje de puestos prescinden de ellos, sin menoscabo alguno de éxito. Tan clara evidencia demuestra que la ausencia de animales vivos se asumiría de forma rápida por la ciudadanía, como ha sucedido en otros muchos eventos públicos que acabaron abrazando la empatía y el progresismo ético, sin traumas generales, sino más bien un reconocimiento tácito de que quizá se debiera haber hecho antes.

 

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