MEJOR QUE SE ACLARE EL ALCALDE DE PAMPLONA, PORQUE ALGUNOS YA LO TENEMOS CLARO DESDE HACE MUCHO TIEMPO…

 ENCIERRO PAMPLONA 2018

 

Un año más, Pamplona se prepara a celebrar sus fiestas, que en buena medida se sustentan propagandísticamente en la agresión brutal a seres inocentes (los toros), en sus dos versiones principales: corridas y encierros. En este sentido, la Asociación para un Trato Ético con los Animales (ATEA) desea hacer llegar a la opinión pública su firme rechazo a cualquier manifestación lúdica que implique  cualquier grado de sufrimiento gratuito a animales, como es el caso.

Por cuanto a este ámbito, la edición de este año viene quizá especialmente marcada por unas 'pintorescas' declaraciones del alcalde local, quien hace poco decía una cosa y la contraria, al tiempo que trataba de poner 'parches' a lo expresado, creemos que para contentar a todo el mundo, que es la forma más práctica de no contentar a nadie. Nada nuevo bajo el sol…

Manifestaba el señor Asirón que no ve “unos Sanfermines sin eventos taurinos al cien por cien, pero sí a medio plazo sin corridas de toros”. Parece claro que este hombre ha descubierto ahora grosso modo de qué va el tema: encierros sí ―porque son 'una seña propia de identidad'― pero corridas no ―porque la sociedad cada vez las ve con peores ojos―. ¡Todo un despliegue de intelecto político!

Hasta hoy simplemente asistía a la matanza desde su asiento, como ha hecho siempre, de perfil, evitando polémicas que pusieran en riesgo su pulcra imagen. Ahora, cocidito el asunto, ya se atreve a sondear nuevas vías, por ver cómo se acogen aquí y allá. Vamos, lo que bien podría ser calificado como progresismo de laboratorio.

Dice también el señor alcalde que “de cara al futuro nadie se imagina un ocio basado en el sufrimiento animal”. Una reflexión tan bonita como vacua, desde luego. Porque ya nos dirá el primer edil cómo se casan los encierros con ese supuesto 'sufrimiento cero' de los animales obligados a participar en ellos. Hasta donde nosotros sabemos, los encierros constituyen sin lugar a dudas una verdadera agresión psicológica a los animales. En una sociedad que respetase los derechos básicos de todos los animales (y no tan solo los de los humanos), actividades como los encierros estarían prohibidas, y sus promotores serían considerados verdaderos delincuentes.

La fascinación que mucha gente siente por los tradicionales encierros impide una reflexión objetiva y rigurosa sobre las consecuencias que tienen los mismos para sus verdaderas y principales víctimas: los toros. De hacer un esfuerzo mental para ponernos en su lugar, comprobaríamos que el auténtico sufrimiento comienza cuando son raptados de la dehesa ―el único entorno que conocen hasta entonces―, donde tienen a sus compañeros de manada y espacios que constituyen toda su referencia vital. El traslado a cientos de kilómetros es siempre para ellos una experiencia traumática, por su incapacidad para comprender lo que sucede. Sabemos que el estrés severo sufrido durante el viaje les hace perder muchos kilos de peso, y hasta se han dado casos de muerte por colapso.

Ya en el escenario del encierro, todo está concebido para que los animales corran,  y que lo hagan además en la dirección que los humanos desean. La realidad es que los pobres morlacos se muestran aterrorizados ante una multitud extremadamente hostil que les acosa. Es por ello que, en lugar de atacar a sus agresores (un simple desvío hacia los laterales atestados de corredores  acarrearía gravísimas consecuencias para estos), permanecen juntos durante el recorrido, con el único fin de encontrar así un contacto físico tranquilizante. Ningún toro corre desbocado durante varios minutos en su medio natural, salvo que este severamente angustiado y trate con ello de huir de la fuente de peligro. Además, el asfalto constituye para ellos una auténtica tortura que les provoca una permanente sensación de inseguridad. Durante cada encierro son habituales las caídas y los golpes contra las paredes en los bruscos cambios del recorrido. El hecho de no poder refugiarse de quienes les acosan supone un elemento más de frustración para ellos. Digámoslo claramente: los encierros más famosos del mundo, los de Pamplona, son una burda agresión gratuita a seres por naturaleza pacíficos y huidizos. En consecuencia, ni la tradición ni la aceptación secular pueden legitimar esta canallada.

En ATEA seguimos creyendo que TODOS LOS SUFRIMIENTOS SON IGUALES, al menos desde la indeseabilidad para la víctima, sea cual sea la naturaleza, sexo o especie de esta. Por eso condenamos toda agresión gratuita a los animales no humanos, y por pura coherencia ética, también la infligida a humanos hembras, machos, hermafrofitas o asexuales. 

 

 

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LAS VAQUILLAS TAMBIÉN SUFREN…

VAQUILLA

 

Queremos transmitir a la opinión nuestra más absoluta condena al Ayuntamiento de Vitoria‑Gasteiz, que permitirá el número de eventos con vaquillas en el entorno de las festividades patronales de agosto. En efecto, parece que se programan ahora algunos de estos espectáculos en horario vespertino. Esto sin duda supone aumentar el sufrimiento global de las víctimas, bien porque se utilicen más ejemplares, bien porque se les someta a un mayor tiempo de agobio (sufrimiento psicológico, de cualquier forma).

ATEA ha explicado reiteradamente que todo padecimiento merece desaprobación si este se inflige de forma gratuita (innecesaria), y desde luego es lo que sucede en todas las formas de sometimiento con carácter  lúdico, sin excepción. Porque sabemos bien que no es necesario recurrir al estrés ajeno para divertirse. De hecho, la realidad demuestra que la inmensa mayoría de eventos programados no se valen de animales [inocentes], y es así desde siempre. ¿Por qué empeñarnos en algo que perjudica a los unos, y cuyos 'beneficios' sin embargo los otros bien pueden lograr de casi cualquier escenario? No se nos ocurre achacar dicho empeño sino al más rancio egoísmo, característica en todo caso muy poco virtuosa. Ello se produce únicamente por una falta de consideración hacia el malestar ajeno, cuando la realidad es que las vaquillas están tan interesadas en su bienestar como podamos estarlo los humanos en el nuestro. ¡Es tan simple como parece!

Y no vamos en esta ocasión a elaborar un discurso ético para demostrar que las vaquillas en tal situación. Nos negamos a creer a estas alturas que cualquier mentalidad estándar necesite hoy especial elaboración argumentativa. Si alguien se muestra incapaz de llegar a determinadas conclusiones con solo mirar a los ojos de un cachorro bóvido durante el trance, es que ese alguien está muerto para la empatía más elemental.

A pesar de todo, entendemos que sería injusto no apreciar el escenario en su totalidad, contextualizado en la cronología de los hechos, y concluir que esto responde a los vaivenes lógicos de todo cambio social en cuanto a sus paradigmas morales. Así, parece claro que las corridas de toros forman parte de un vergonzoso pasado local, lo cual ofrece interesantes posibilidades argumentativas para seguir avanzando en el camino. Por tanto, y aceptando estos 'baches' como parte del proceso, creemos sinceramente que el fin de la tauromaquia en Gasteiz 'progresa adecuadamente'.

 

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LAS CORRIDAS DE TOROS AGONIZAN EN LA CAPITAL DE EUSKADI

AGONÍA TAUROMAQUIA GASTEIZ 2017

 

Cuando el alcalde de Vitoria‑Gasteiz acaba de confirmar que saca de nuevo un pliego de condiciones para la explotación del Iradier Arena durante el periodo festivo estival ―nada que no supiéramos―, ATEA desea manifestar su nítida percepción de que este negro ciclo de tortura pública de los animales acaba en la ciudad, y además de forma agónica. Aunque, como es lógico, existe una trágica diferencia entre la celebración o no de la feria ―¡varias docenas de mamíferos agredidos gasta la muerte!―, quizá lo esencial en este escenario sea su biografía reciente (desbandada de aficionados) y la mayor calidad social que se percibe ahora en la ciudadanía, si la comparamos con la de dos o tres décadas atrás.

Por tanto, y aun dándose el peor de los casos (que alguien se aventure a un negocio ruinoso, derivado por tanto de algún anhelo obsesivo de carácter 'místico‑ideológico'), estamos seguros de que este supondrá el aldabonazo final para la tauromaquia en la ciudad. Y decimos tauromaquia en su sentido más amplio, pues ni las antaño populares vaquillas tienen hoy el predicamento de entonces. Creemos que, en general, la gente ha entendido que va siendo hora de demostrar nuestra naturaleza 'racional y ética', pues los hechos demuestran año tras año que no es en absoluto necesario agobiar a seres inocentes (ellos) para disfrutar (nosotros).

En caso de producirse la vuelta de tan execrable crimen a la ciudad, ello supondrá sin duda una fuerte revitalización de la protesta ciudadana, con lo que el camino a corto plazo parece bastante despejado.

 

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LAS CORRIDAS DE TOROS, 'TÉCNICAMENTE FINIQUITADAS' EN LA CAPITAL DE EUSKADI

TORO DEHESA

 

Deseamos transmitir a la opinión pública nuestra enorme satisfacción tras conocerse que el plazo formal para la presentación de propuestas en cuanto a la organización de corridas de toros en la ciudad termina sin oferta alguna. Así, y por segundo año consecutivo, no se perpetrarán en Vitoria‑Gasteiz la tortura y muerte de animales inocentes.

Pero quizá lo más destacable es que podemos dar por 'técnicamente finiquitado' en la capital de Euskadi tan lamentable espectáculo, si las máximas autoridades municipales cumplen la palabra dada a ATEA el pasado 26 de septiembre, cuando durante un encuentro formal para tratar este tema confirmaron que, de no recibir una oferta satisfactoria (por segundo año consecutivo), el Ayuntamiento abandonaría definitivamente la idea de sacar otro pliego de condiciones, dando con ello por concluida su tarea como administración en este apartado.

En la citada fecha ATEA se reunió con el alcalde, Gorka Urtaran, y con el concejal delegado Peio López de Munáin, al objeto de trasladarles nuestro parecer, y solicitándoles de paso que no se hiciera efectivo un segundo pliego de condiciones. Se nos comunicó al respecto que era ya algo decidido, y que por tanto no iban a dar marcha atrás. Pero nos aseguraron al tiempo su clara intención de que, en caso de quedar desierta la oferta ―como finalmente ha sucedido―, no habría más 'oportunidades'. Igualmente, ambas autoridades nos trasladaron su parecer personal sobre las corridas de toros, que desde luego ―y para nuestra alegría―, no son en absoluto favorables.

Añadido a todo ello, nuestra satisfacción se extiende por igual a un escenario más amplio en el tiempo, pues no percibimos que las corridas de toros puedan volver a la ciudad en una situación 'normal', por cuanto la representación política municipal ha dado un importante giro sobre dicho fenómeno a lo largo de los últimos años, y vemos muy difícil que una mayoría opte a medio plazo por algo diferente a una Vitoria sin toros.

Por último, también queremos mostrar nuestro deseo de que el resto de Euskadi tome buena nota sobre los tiempos que corren, y adopten en consecuencia una postura más progresista y solidaria con toda forma de agresión gratuita a inocentes. Creemos que ha llegado el momento de pasar esta negra página de nuestra historia, que sin duda avergonzará a las generaciones venideras.

 

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TRASLADAREMOS AL ALCALDE BUENAS RAZONES PARA QUE NO VUELVAN LOS TOROS A VITORIA

 

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Hemos solicitado al alcalde de Vitoria‑Gasteiz, Gorka Urtaran, un encuentro personal, al objeto de trasladarle cara a cara un listado de razones por las que las corridas de toros no deben volver a la capital de Euskadi.

Tras las recientes declaraciones públicas del primer edil, en las que muestra una clara receptividad a abrir la puerta a tan sanguinario espectáculo, consideramos que ha de mantenerse una razonable prudencia, pues estos procesos de cambio social suelen ser más sólidos de lo que aparentan. De hecho, el Equipo de Gobierno local no ofrece ahora mismo una postura consensuada sobre el tema, lo que nos permite albergar cierto optimismo. En todo caso, cabe señalar que, en el peor de los casos, dicha etapa sería con toda probabilidad el paso final hacia la desaparición definitiva de la lidia de reses en la ciudad, pues vivimos tiempos nuevos en lo que respecta al trato que merecen los animales en general, y parece claro que las corridas de toros estarán entre las primeras prácticas denostadas.

Añadido a lo anterior, ATEA considera que una realidad dada ―como la tauromaquia en todas sus expresiones― no merece condena o defensa en función de su aceptación social, sino más bien respecto a su carácter injusto. En tal sentido, debemos tener presente en todo momento que la tauromaquia es de facto una agresión unilateral y gratuita (pues tiene exclusivo carácter lúdico), y por ello tampoco procede consultar a la ciudadanía sobre el particular (a no ser que se proceda de idéntico modo con cualquier otro asunto, independientemente de su peso moral).

Por último, no podemos ocultar nuestro desconcierto ante la ya evidente (por reiterada) postura 'aperturista' del señor Urtaran, quien no desaprovecha ocasión para reabrir una polémica que apreciamos bastante cicatrizada en la sociedad vitoriana. Es por ello que no consideramos descabellada la posibilidad de que dicha postura venga dictada de instancias que desde luego superan el ámbito municipal.

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