¡MUCHO MEJOR SIN TORTURAR TOROS NI SOMETER BURROS!

TORO BURRO pic

 

Finaliza el periodo festivo estival de la capital de Euskadi, Vitoria‑Gasteiz, y desde ATEA hacemos una valoración muy positiva del mismo en cuanto al maltrato animal, por cuanto el escenario ha cambiado de forma sustancial en apenas un par de años. Desde luego, no lo identificamos con la mera casualidad ni con un repentino 'giro animalista' de la administración local y/o de la sociedad, sino más bien con un lento pero constante cambio de paradigma ético, que deja atrás algunos de los aspectos más turbios de nuestra naturaleza comunitaria. Creemos que este es un hecho objetivo, y que por tanto ha de reconocerse el progreso en el sentido adecuado.

En tal sentido, cabe recordar que hace apenas unos años se golpeaba a los burros y se les arrastraba sobre el asfalto cuando decidían plantarse ante un entorno en extremo desagradable para ellos. Asimismo, la feria taurina gozaba de una 'razonable buena salud' (mientras los toros la perdían a borbotones sobre la arena hasta morir), y en los últimos tiempos el cemento protagonizaba cada corrida. Nos es muy difícil entender este sustancial cambio sin la constante presión y denuncia de los colectivos defensores de los animales, que siguen (seguimos) recordando lo evidente: no merece el calificativo de fiesta ningún evento que se nutra en parte o totalmente del malestar ajeno, ni tenemos los humanos autoridad moral alguna para hacer sufrir a inocentes en aras de conceptos tan vacuos como de hecho lo son el arte, la cultura o la tradición.

La lamentable carrera de burros acabó, y todo apunta a que tampoco en 2018 habrá corridas de toros en la ciudad. Quizá estas vuelvan en ciertas etapas de mandato político (o acaso para entonces incluso ellos y ellas hayan evolucionado); pero de ser así, supondría un coletazo final y definitivo. Los tiempos avanzan, y no puede ser que determinadas mentalidades permanezcan. Como en tantas otras esferas de lo humano, también en el terreno de la ética “o se gana, o se aprende”.

Pero quedan algunas aristas por limar, pues se continúan usando vaquillas (cachorros de bóvidos, en definitiva) para el divertimento humano; y algún que otro burro y buey en escenarios para ellos agobiantes. También esto terminará más pronto que tarde, y entonces nos percataremos de que somos capaces de disfrutar sin hacérselo pasar mal a nadie. Algo de lo que deberían tomar buena nota las capitales hermanas…

 

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