DENUNCIAMOS A `LOS CHUNGUITOS´ POR ABANDONAR A UN PERRO EN UNA GASOLINERA

 

LOS CHUNGUITOS imagen 1

 

Nuestra asociación ha presentado en el Juzgado de Guardia de Vitoria-Gasteiz una denuncia contra los ciudadanos José Salazar y Juan Salazar (hermanos), conocidos componentes del dúo musical Los Chunguitos.

 

Tuvimos noticia de los hechos al tiempo que otros varios millones de personas más, pues ellos mismo declararon su “hazaña” en el reality show en el que participan desde el pasado domingo. Al parecer, fue el martes día 13 cuando, durante una conversación con otros participantes, reconocieron que “Una de las cosas más graciosas que nos han pasado fue cuando abandonamos a un perro en una gasolinera, porque ladraba mucho”. Lejos de mostrar algún tipo de arrepentimiento o remordimiento de conciencia por tan execrable proceder, esta pareja de indeseables reían la “anécdota” sin el menor atisbo de empatía.

 

El Código Penal español establece la correspondiente pena para “quienes abandonen a un animal doméstico en condiciones en las que pueda peligrar su vida o su integridad”. Resulta evidente que cualquier animal dejado a su suerte en una gasolinera (lugar de máximo tráfico de vehículos, por su propia naturaleza) queda con ello en un estado de máxima vulnerabilidad y peligro, tanto para su integridad física (y psíquica) como para su propia vida.

Además, consideramos que el mero hecho de que quienes se declaren perpetradores del abandono sean personajes públicos constituye un agravante moral, por cuanto son esos agentes los que debieran ser referentes morales en su comportamiento. Lejos de ser así, se jactan de ello, en un ejercicio que oscila entre lo obsceno y lo criminal.

 

Con respectos a los citados personajes, esta declaración pública se suma a una vergonzosa lista de otras, entre las que destacan la homofobia palurda y el racismo cuartelero. Pero no nos engañemos, porque a estos monstruos los alimentamos entre todos: al frente, los medios de comunicación que les dan pábulo y les ríen las gracias para “hacer caja”.

 

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LOS AMIGOS NI SE COMPRAN NI SE REGALAN. ¡TAMPOCO EN NAVIDAD!

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Un año más, hacemos un llamamiento a la ciudadanía para que actúe con la máxima responsabilidad en estas fechas de tradición consumista por cuanto a la adquisición de animales vivos como regalo se refiere.

Se estima que más de un cuarto de millón de animales fueron regalados durante la pasada campaña navideña (2013). Y resulta evidente que un altísimo porcentaje se adquirió de forma compulsiva, sin tener en cuenta por tanto las nefastas consecuencias que para las víctimas tendría dicha decisión. Sobre todo en el caso de los llamados “animales exóticos”, bajo cuya denominación podemos descubrir prácticamente cualquier especie susceptible de rentabilidad económica (reptiles, pequeño roedores, anfibios, insectos…). La adquisición en sí misma cierra un ciclo previo de desdicha para las víctimas, pues estas son concebidas como simples mercancías, que por tanto se pueden “sacrificar” en parte, mientras las cuentas finales cuadren. Tras la compra, trayectoria de estos desdichados se repite dramáticamente en la mayoría de las ocasiones. La seducción inicial pronto se torna en pereza al comprobar que el animalito requiere en realidad más cuidados de los que nos habían anunciado. Con independencia de su grupo, todos tienen importantes necesidades –tanto biológicas como emocionales–, que desde luego no satisfarán ni de lejos en un ambiente tan restringido y pobre como una pecera o un terrario, donde apenas pueden guarecerse de la presencia humana (que, dicho sea de paso, ellos siempre advierten como un peligro potencial). El estrés y una alimentación defectuosa acaba por enfermarles. Pero se trata de seres que, por su propia naturaleza, no consiguen transmitirnos sus emociones de manera tan eficaz como puedan hacerlo otros más familiares (perros o gatos). Se inicia así un proceso de agonía, que en el caso de algunas especies de metabolismo lento puede durar meses, hasta que al final acaban en el cubo de la basura, regalados a terceros o liberados en un medio natural que no es el suyo. En el primero de los casos, no es infrecuente que permanezcan aún vivos cuando son retirados al vertedero. El segundo no suele suponer una mejoría, pues se concibe más bien como una forma rápida de deshacerse de lo que ahora ya es un “estorbo”, con lo que el periplo, para su desgracia, se alarga. Y el tercer supuesto supone uno de los mayores problemas que hoy existen para el equilibrio ecológico, además de convertir a sus desdichados protagonistas en “especies invasoras”, una siniestra etiqueta que las distintas administraciones no tienen recato alguno en endosarles, a pesar de que buena parte de la responsabilidad en toda esta situación recae precisamente sobre los ayuntamientos, quienes están obligados por ley a exigir cada cierto tiempo a los establecimientos de venta de animales una lista completa de entradas, salidas y datos de los adquirientes. Desde ATEA podemos asegurar que prácticamente ni uno solo de los ayuntamientos españoles cumple dicho apartado, a pesar de lo cual algunos emplean dinero público en organizar eventos precisamente sobre las especies invasoras, teniendo cuidado de ocultar una dejación propia tan inadmisible como la mencionada. Ni que decir tiene que las mismas entidades que desprecian la legislación vigente son las mismas que emplean a continuación expeditivos métodos para “controlar” las especies que ocupan diversos medios naturales. Lo habitual es que la estrategia pase por la eliminación física (muchas veces empleando burdos métodos también ilegales), con lo que al final vemos cómo una misma injusticia se reproduce en repetidas ocasiones a lo largo de todo el proceso con diferentes formas.

En general, una praxis adecuada de “consumo responsable” debería descartar por defecto la compra de animales, sean estos silvestres o domésticos, pues han de ser considerados como lo que realmente son: seres sensibles –similares en lo fundamental a nosotros mismos–, dotados de legítimos intereses, y por lo tanto merecedores de un mínimo respeto. La cuestión se agrava al comprobar que cada día se sacrifican en España cientos de perros y gatos porque no consiguen encontrar una familia. Con semejante tragedia cotidiana sobre nuestras conciencias, quien tenga la imperiosa necesidad de convivir con un animal de familia (lo que comúnmente denominamos “animal de compañía”) debería imponerse la obligación ética de rescatarlo de un refugio para animales abandonados. Si la mayoría de la gente actuara de tal forma, demos por seguro que el drama se vería reducido a la mínima expresión.

Como protocolo genérico, ATEA sugiere algunos puntos básicos por cuanto a la convivencia con animales, que se pueden resumir en los siguientes:

Aceptar la etiqueta de “animales de compañía (de familia)” tan solo aquellas especies que por su propia historia biográfica ya no disponen de un sitio natural en el medio: en la práctica, perros y gatos.

Nunca intercambiar animales por dinero. Ello alimenta una concepción mercantilista de los mismos y los reduce a meros objetos de consumo. Además, hace que el número de animales sin dueño no descienda, perpetuando así la tragedia.

Si se decide convivir con animales, adoptarlos siempre en una entidad protectora o rescatarloS de una situación traumática.

 

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LE DECIMOS “NO” A LA FEDERACIÓN DE MUNICIPIOS DE CATALUÑA

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ATEA ha remitido una carta a la Federació de Minicipis de Cataluya (FMC), tras solicitar esta a la Generalitat que permita el sacrificio sistemático en los albergues de recogida de animales abandonados. Dicho sacrificio (con la salvedad de casos extremos e individualizados) se encuentra prohibido por ley desde 2008, pues se entendió entonces que la administración no puede dedicarse a “rematar” a la víctima previamente abandonada en la más absoluta impunidad. Sería como aplicar una doble condena (con la particularidad añadida de que la sufren inocentes). Los ayuntamientos justifican esta [criminal] solicitud alegando que no pueden soportar económicamente la manutención de tantos residentes, realidad agravada por la dura crisis monetaria que padece el país desde hace años, y que ha hecho que, por un lado, se abandone más, y que, por otro, se adopte menos.

Pero la cuestión esencial es que no podemos hacer pagar a unos pobres desdichados una situación que ha sido creada por humanos: los mismos que no han puesto en marcha las medidas oportunas para que esta terrible realidad comience a decrecer. No se comprende cómo es posible que tres décadas después de la famosa campaña del Él nunca lo haría el número de abandonos continúa siendo similar o incluso superior. Y decimos aquí que “no se comprende”, cuando la verdad es que se entiende a la perfección. Las administraciones competentes jamás –tampoco en época de bonanza– han implementado las medidas necesarias para ello, a pesar de que desde los colectivos animalistas se les han ofrecido (¡gratis total!) una y mil veces diversas soluciones, que juntas harían imposible la pervivencia de dicho fenómeno: protocolo eficaz de identificación, castigos ejemplares al que abandona, prohibición de criaderos, fiscalización de la compraventa entre particulares… Todo ello responde al más elemental sentido común, y sobre todo a una lógica de solidaridad y justicia. Pero los ayuntamientos que ahora piden volver a sacrificar han mirado hasta ahora –y lo siguen haciendo– para otro lado, con lo que ello les descalifica desde una perspectiva moral como gestores de lo público. ¡Se necesita tener muy poquita vergüenza!

 

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DENUNCIAMOS UN CASO DE "CHABOLISMO CANINO" EN VITORIA

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ATEA ha denunciado formalmente ante el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz la situación de un grupo de perros –al menos veinte– en los alrededores de la ciudad. Se trata de varios puntos situados en el camino periurbano que va desde Mendizabala a la localidad de Lasarte, en un paraje conocido como Parque de Lasarte. Allí se encuentran desperdigados un numeroso grupo de canes de diferentes tamaños: algunos sueltos, otros encerrados en lúgubres casetas, y otros atados con pesadas cadenas.

Nuestra asociación entiende que dicho escenario contraviene de plano con la normativa proteccionista vigente, y de manera especial con la recientemente aprobada Ordenanza Reguladora de Protección y Tenencia de Animales. En dicho sentido, creemos que Gasteiz no puede permitir estos focos de auténtico “chabolismo canino”, por cuanto va contra los intereses más elementales de los animales, y también proyecta una imagen de la ciudad que poco tiene que ver con las excelencias que le han sido reconocidas a nivel internacional. Estamos seguros de que nadie entre los gasteiztarras –salvo quizá los propios perpetradores– desea para estos pobres desdichados una vida como la que ahora tienen.

 

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ATEA SE DIRIGE A LOS CONCEJALES DE LAGUARDIA (ÁLAVA) ANTE EL SILENCIO DEL AYUNTAMIENTO

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ATEA remitió la pasada semana sendas cartas a los ocho concejales que componen el Ayuntamiento de Laguardia (Álava), ante el inaceptable silencio que guarda su Ayuntamiento trascurridos más de tres meses desde la formulación de una denuncia donde se daba cuenta de la situación de varios perros en los alrededores de la localidad.

Los animales tienen por todo cobijo unas barricas tumbadas, lo que a nuestro juicio resulta insuficiente para que se cumpla la normativa autonómica en vigor, pues esta especifica en el apartado de proscripciones la de “Maltratar a los animales o someterlos a cualquier práctica que les pueda producir sufrimientos y angustia injustificados”. Entendemos que mantener a un perro atado la mayor parte del día (si no todo) ha de causarle por fuerza una severa frustración, así como diferentes grados de estrés y angustia, de natural lesivas todas en un plano psicológico. Por tanto, consideramos que cabe concluir de los hechos un evidente un maltrato continuado y sin justificación posible (baste recordar que para preservar la seguridad de un recinto privado existen las alarmas, y los perros no deberían ser considerados como tales), que en lógica consecuencia menoscaba de forma muy seria los intereses de las víctimas.

Habida cuenta del vergonzoso silencio administrativo, nos hemos dirigido esta vez a sus concejales, por ver si alguno o alguna tiene la decencia política de ofrecernos su opinión al respecto, tanto sobre dicho silencio como sobre su postura. En tal sentido, manifestamos nuestro hartazgo de que, por lo general, los gestores públicos hagan caso omiso de la normativa de aplicación en materia de protección animal, con independencia de adscripciones políticas. La experiencia nos demuestra que, por desgracia, lo habitual es que todo quede en manos de sensibilidades personales, hecho que no nos parece desde luego gratificante, pues las siglas han de significar por fuerza algo, o así nos lo transmiten a través de sus engolados discursos mediáticos.

Esperamos que, dado que el alcalde ya nos ha demostrado un muy deficiente talante moral a través de su silencio, alguno de los concejales se digne responder a su compromiso social en algo tan elemental como hacer cumplir la ley. Sobre todo por los animales, y aunque “nada más” fuera que por la propia imagen del pueblo, famoso por su actividad viticultora, y que, además de para albergar caldos, también hace uso de las barricas como caseta cutre para desdichados animales, ofreciendo con ello una pésima imagen publicitaria.

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