¿POR QUÉ DEBERÍAMOS A ESTAS ALTURAS CAMBIAR NUESTRO ESTILO DE VIDA?

mama orangutan

 

LA PREGUNTA TRAE CONSIGO otros interrogantes del tipo “¿y por qué lo hacemos sin pensarlo dos veces cuando somos nosotros los beneficiados del cambio?”. Es un hecho palpable que en efecto lo hacemos, sobre todo en múltiples cuestiones que elevan nuestro nivel de bienestar, como la asunción de todo tipo de avances tecnológicos y sociales. No mostramos remilgo alguno a la hora de dar la bienvenida a cualquier cambio en nuestro estilo de vida si ello nos beneficia. Debemos cambiar nuestro modus vivendi tantas veces como sea necesario si ello trae consigo una mejora para un sector importante de individuos, y un cambio de dirección en nuestro comportamiento con los animales sería una excelente noticia para miles de millones de ellos en primer término, y para nosotros mismos al obtener un logro moral, lo que nos revaloriza como seres humanos.

EL MERO HECHO de que algo haya venido sucediendo a lo largo de espacios de tiempo prolongados no parece en sí mismo motivo suficiente para perpetuarlo (o tal vez sí, pero lo será por otro tipo de causas, y no por la trivial razón de que una realidad nos resulte familiar y nos favorezca). A menos que, respondiendo a la misma lógica, justifiquemos el hambre, la pobreza, o todas las formas de discriminación arbitraria que nos acompañan desde los albores de nuestra historia sobre la tierra. [Podríamos actuar con cierta coherencia si legitimásemos todas las prácticas lesivas de las que son víctimas tanto los animales como los seres humanos, pero nos encontraríamos ante un escenario siniestro, donde todos podríamos agredir y matar a quien nos apeteciera sin temor a represalia alguna]. La simple presencia de comportamientos coherentes no convierte a una idea en virtuosa, a menos que esta se desarrolle dentro de parámetros solidarios. Parece más sugerente por lo tanto establecer unos mínimos, que pasarían sin duda por garantizar derechos básicos para todos los individuos sensibles, sin olvidar por supuesto a los animales.

JUSTIFICAR ESTAS TERRIBLES SITUACIONES no parece muy recomendable ni para sus víctimas ni para la sociedad que lo consiente, por lo que no se alcanza a comprender por qué deberíamos defender tal comportamiento por una razón tan poco consistente como que los protagonistas no pertenezcan a nuestra especie biológica. Una postura argumental tan tosca no puede estar sustentada sino en el puro y simple egoísmo.

EN CUANTO A LA DEFENSA de determinadas realidades porque son “ley de vida” o “naturales”, resulta curioso (o más bien clarificador de nuestra naturaleza ególatra) que no estemos dispuestos a abrazar la misma tesis cuando somos nosotros o nuestro entorno afectivo quienes salen perjudicados. Parecemos no darnos cuenta de que la apelación a “lo natural” resulta por igual aplicable a cualquier circunstancia que ocurra o haya ocurrido alguna vez, como poner en práctica la ley del más fuerte o condenar a la miseria a los que no pertenecen a nuestro grupo social. Quienes justifican en algún grado la supuesta superioridad intelectual de los varones sobre las mujeres, de las sociedades opulentas sobre las menos “civilizadas”, o de la población local sobre la inmigrante utilizan en el fondo los mismos argumentos. Por todo ello, si basar un tipo de discriminación en el concepto del género sexual o del origen étnico nos parece injusto, ¿cómo es posible que lo aceptemos por el trivial hecho de que la especie biológica de la víctima no coincida con la nuestra? Tenemos que mostrarnos precavidos con ciertos conceptos, dado que su atractivo inicial puede hacernos caer en la trampa de querer aceptarlos por defecto gracias a su contundencia sonora. Y eso es lo que sucede con el término “natural”. No se sabe muy bien qué es natural y qué no. La eliminación física de nuestro enemigo por desavenencias vecinales ha sido una constante a lo largo de la historia, aspecto que sin duda lo convierte en “natural”, pero de esta etiqueta no puede deducirse sin más que es el comportamiento correcto que beberíamos adoptar en casos similares. Parece razonable dejar un espacio cada vez mayor a la diplomacia y al diálogo antes que cederlo a la fuerza bruta. La afirmación de que “los seres humanos nos hemos servido de los animales en multitud de facetas” no viene sola, sino adosada a la evidencia de que también hemos hecho lo propio con nuestros compañeros de especie y con la propia Naturaleza.

 

FUENTE >>tu tambien eres un animal 2


 

  

 

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